Semblanza
Armando de Magdalena nació en San Isidro, Provincia de Buenos Aires en febrero de 1963. Esta ciudad recostada sobre el Río de la Plata, con sus amarraderos y playas, sus casas coloniales y sus quintas, dejará su huella en la estética del poeta a través de imágenes que poco a poco irán conformando la simbología de su poesía: el río, los pájaros, el horizonte, la estrella, los barcos, el cielo abierto, la noche, los vientos tormentosos que vienen del sudeste. Esta simbología será complementada por los elementos de otra estética, la suburbana, aportados por la casa construida por sus padres, casa de trabajadores levantada por Pedro y Magdalena (nombre, este último, que el poeta tomara como apellido, según la antigua usanza medioeval que identificaba a las personas según su oficio, su aldea o el nombre de su madre) en una zona de bañados próximos a las vías del ferrocarril entre las ciudades de Boulogne y José León Suarez, ahí son los caballos, el rocío, la mañana en el patio de su casa (un verdadero universo de flores, abejas y colibríes, de rayos de luz, de frutas e insectos tenaces) el olor “a friegas y cocina”, la humedad de delantal, el abrazo materno y el pan cotidiano.

A los 9 años comienzan las transformaciones en aquel “mundo conocido” de “fronteras adentro del alambre” que a pesar de su humildad era un mundo feliz y habitable. La separación de sus padres se mezcla con el auge de las luchas populares y el asenso de las masas de 1973. Allí en los barrios más humildes, toma contacto con la “teología de la liberación” y aunque niño, forma parte de manera natural de aquel fermento esperanzado. Por esa misma época conoce a un militante comunista quien ejercerá una gran influencia en aquel niño falto de imagen paterna. Así, sin darse cuenta, de manera cotidiana, escuchando una y mil veces las historias de la gesta de la Sierra Maestra, irá asimilando al marxismo como un ideal de justicia totalmente coherente con su fe cristiana (matrimonio este que una vez consumado, pasará a ser parte fundamental del núcleo de su pensamiento).
Armando pertenece (según sus propias palabras) a la “generación perdida”, aquella de los jóvenes que crecieron en el horror de la dictadura. El golpe de marzo de 1976, lo sorprende comenzando sus estudios secundarios en la escuela de educación técnica de su ciudad. En 1979, conoce a su primer amor verdadero, con quién se casará años más tarde. También por ese tiempo comienza a ganarse la vida de manera regular y a estudiar por la noche. En esa puja entre el pan y los libros, el primero se irá imponiendo poco a poco, hasta desplazar de manera formal, al segundo. Este es otro dato importante de la vida de Armando: el eclectisismo de un pensamiento que se construye a sí mismo con las ventajas y desventajas que esto conlleva, pero que en definitiva, creemos contribuyó en su caso a asimilar conocimientos en función de sus propias necesidades y de cierta intuición que no pocas veces raya la originalidad y que se trasluce en gran parte de su obra.

La guerra de Malvinas lo sorprende bajo bandera. Este hecho consolida su fe antiimperialista y lo marca de manera particular, cuando esa guerra tan lejana geográficamente lo toca y le arrebata a muchos de sus amigos de la infancia.

En el año 83 a los casi 21 años se casa con su compañera Mónica, comenzando así, una etapa de bonanza en la vida del poeta signada por la “vuelta a la democracia” y el sueño hecho realidad del hogar propio e ideal que mucho tiene que ver con la recuperación de aquel que perdiera con la separación de sus padres. Este es un tiempo, a pesar de las dificultades, de disfrute, de felicidad y consolidación de su propia identidad, aquí aparece y se reconcilia la sangre andaluza y calabresa de sus abuelos, con la América que el poeta va descubriendo y que lo atrapa cada vez más con su misterio (ambos torrentes estarán de manera sincrética, contenidos en toda su obra). Es también, este tiempo, el del comienzo de su militancia cultural y política y el final, quizás, de la prehistoria de su poesía, aquella que inaugurara con un poema de amor en una pequeña libreta a los 12 años.
En el año 90 se producirán dos hechos que conmocionarán tremendamente su vida y que se incorporarán, en consecuencia a su simbología, a su estética y a su forma de percibir la vida. En mayo del 90 nace su hijo Nehuén y cuatro meses más tarde, a consecuencia de la perversión del sistema, muere por una negligencia médica su compañera. Esto destruye hasta la última piedra ese mundo que el poeta construyera hasta entonces con sus propias manos. A los 28 años, con su hijo en brazos, Armando emprende la reconstrucción de su mundo, donde trata de conjugar las tareas de padre y de madre, con la militancia política y cultural y la utopía de sus versos. A partir de este momento su vida se vuelve realmente vertiginosa, plena de emociones. Empuñará sus versos y su pluma de manera militante, conocerá a intelectuales y artistas del país y del extranjero y trabajará con dedicación por la unidad y el compromiso de los trabajadores de la cultura con los procesos liberadores de los pueblos.
En el año 1994 y en el marco del viraje (que se iniciara en 1983) ingresa al Partido Comunista Argentino donde alterna durante muchos años el trabajo territorial, con la producción intelectual y artística. Después de muchos años de idas y venidas, amores y desencuentros, Armando llega a un punto al que lo ha arrastrado la propia inercia de su estrella. En noviembre del 2008 lanza su “Ajuste de cuentas / pos marxismo y revolución” donde expresamente pretende saldar cuentas con su pensamiento (las tradiciones que lo nutren), con su militancia y los días que vendrán. En la actualidad adhiere y es miembros de varias organizaciones antiimperialistas, americanistas y culturales dentro y fuera de sus país. Es cofundador por estos días Cultura en Movimiento de Argentina y curador de la Editorial Acercándonos Ediciones.
Su obra
Armando de Magdalena es un artista diverso, al igual que aquellos hombres del renacimiento, pocas cosas escapan a su curiosidad: la historia, la filosofía, el arte, la ciencia la religión, son lugares frecuentados por él constantemente, lugares que a su vez habitan la totalidad de su obra y lo atraviesan. Esto es natural ya que Armando, al igual que los griegos antiguos, igual que todas las arcanas sociedades de el mundo, está convencido que la poesía es “algo a medio camino entre el arte y la filosofía”, una especie de sensibilidad, una actitud ante la vida y no un mero oficio, una ingeniosa artificiosidad. Por eso, por más que el modo de expresión sea la fotografía, el mural, el diseño, las ideas puras del ensayo, o la urgencia del artículo, lo que vemos detrás de lo que hace, es siempre intuición, revelación poética. Armando es un testimonio de que aquel concepto, aquella tradición de un hombre obligado a legislar sobre el bien y el mal, la alegría y la desesperación, no pertenece al pasado ni mucho menos. Como bien dijo en algún prólogo el poeta cubano Marino Wilson Jay, Armando de Magdalena demuestra que, a pesar de aquella sentencia de Adorno sobre el horror de la guerra y los campos de exterminio, aun es posible escribir poesía lírica. Un lirismo entendido sí, en su más profunda acepción, es decir, como aquello que actúa de prisma ante los aparentemente inocuos rayos de la realidad, rayos que una vez descompuestos son siempre polisemia insospechada, eso y no otra cosa es un artista para Armando, alguien que es capáz de descomponer lo aparentemente indivisible. Su lírica está emparentada, por tanto, con un yo filosófico, que no es mera individualidad sino individuación de lo universalmente humano capáz de humanizar y culturar la naturaleza. Lo interesante en todo caso (como también señalara en ese prólogo Marino Wilson) es que su canto discurre por varios niveles de escritura, desde la coloquialidad, al barroquismo y la alta metáfora, pasando muchas veces por la palabra cruda y vulgar de la impotencia y de la rabia.
Armando es un poeta natural, sin pretensiones, que se expresa por los más diversos caminos cuando la palabra siempre insuficiente no puede traducir lo que le nace. Eso explica, al menos en parte, lo multifacético y lo integral de un arte que nunca estuvo disociado (ni lo estará) de su propia vida.
Hasta el momento ha publicado:
Poesía
- “La noche es hoy, pero se acaba”
antología poética 1982/1992. - “De fundaciones y naufragios”
antología poética 1992/1996. - “Versos clandestinos de pájaro y luna”
poesía escojida de amor 1998 Santiago de Cuba. - “Con la luna entre los dientes”
antología poética 1996/1999. - “El otoño en armas”
tributo a la poesía. Año 2005. - “Poesía Mínima”
Antología poética. Año 2007.
Ensayo
- “San Martín hoy”
publicación colectiva 2000. - “El partido revolucionario y la batalla cultural en América”
Año 2001. - “Apuntes para la revolución americana / la batalla cultural en América”
Año 2003. - “Metafísica del desamparo”
Manifiesto poético año 2004. - “El marxismo embrujado / una introducción a Mariátegui”
Año 2005. - “Los poetas naturales de la tierra / un itinerario poético argentino”
Ensayo literario año 2006. - “Los Hombres primeros / el pensamiento original americano”
Estudio y recopilación de mitos creacionistas de la América precolombina. Año 2008. - Sobre el Oficio de ser Poeta.
- Ajuste de cuentas / posmarxismo y revolución.
- El juego de la representación en el arte
- Breviario del pensamiento político, económico, social y cultural de los hombres de la primera independencia. Historia.
- Escritos estético filosóficos
En proceso de edición
- CD ROM de su obra fotográfica
- De libros, hombres y literatura. Crítica literaria.
Armando de Magdalena es El poeta de la barbarie.