Milagros en los cristales
El sol se marcha irremediablemente de las cosas
y sus últimas pinceladas
hacen milagros sobre el amarillo de los cristales
una bocanada fresca de azaleas y de helechos
se mete por las rendijas y me trepa como un aleteo
hasta los labios.
La oscuridad de la casa me va desvistiendo
lentamente el alma
y mi cuerpo se despierta en cada poro
y mis ojos se encienden y se vuelven cazadores
y mis fosas se dilatan y otean el pequeño territorio
de estas
blancas paredes
siguiendo el perfume de tu piel hasta encontrarla.
Cae la noche sobre mi ventana
la almendra surrealista de tus ojos
se raja y me permite ver detrás
la incredulidad de tu sonrisa se desgrana de mis labios
y mi aliento con paciencia desorganiza tu pelo.
Siento tu tersa desnudez
bajo este crepúsculo que soy y que te invade
siento tu joven tierra rendirse ante mi sueño de labriego
la avidez de tus senos desafiándome
cada milímetro exacto debajo mío que me reclama.
Te enhebro y te socavo
te aprisiono y te libero
te devoro y me devoras
hasta disgregarnos en el aire
de este pequeño territorio de paredes blancas
donde la última pincelada de luz
hace milagros sobre el amarillo de los cristales
y te quiero así desnuda a mi lado
como si te hubiera creado de mis propias manos
como un Dios silvestre mirándote con ojos
cazadores ebrio de azaleas y de helechos
increíblemente humano entre tus dedos…

