La luna con tiradores
(o el pibe que fue Raúl)
a Raúl González Tuñón
Todo se pega al hollín de la nostalgia
la casa con dos patios de Saavedra 614
donde la luna bajaba a jugar con los malvones
la paz del níspero, los faroles de la esquina
o el coro de tus lágrimas y la lluvia anclada en el umbral
el día que murió tu vieja y te quedaste solito
- quelevachaché! …así es la vida muchas veces
te arrancan un pedazo y te queda el agujero
después viene la carne y te crece alrededor
pero los ojos se te vuelven como un puerto los domingos
…andá a saber si no fue ahí donde te hiciste poeta
cuando empezaste a sentir la presencia de la ausencia
(el vestido floreado, los paseos en tranvía
y la cómoda aquella a la que le pasaste la mano
cada vez que quisiste revivir sus caricias)
…puede ser, no sé…tal vez fue mucho antes
atravesando el baldío donde rumiaba el caballo
pintarrajeado de la calesita
cuando ibas de la mano de tu abuelo Manuel a mirar los barcos
y entonces, solo así, frente a un plato de cornalitos
el te hablaría como si en realidad no te hablara
del mar, de Asturias, o la revolución
en fin…
violín del diablo la tristeza
nada se hunde en el cetrino mar de Johnnie Walker
ni el adoquín del empedrado
ni los carros del Spinetto
ni los ilustres escruchantes del yotivenco de a la vuelta
donde todo era posible con tarjeta de cartón
y aunque la maestra te trajera sin piedad ninguna
de tu andar a la deriva el barrilete del ensueño
por suerte también estaban Enrique y el payaso Frank Brown
las chatas areneras
y el asombro de tus ojos cuando mataron a Moreira
en la carpa imaginera de los Podestá.
Así fue…en ese orden
primero la vereda
después la calle y el agujero en la media
por ahí siempre salía un sol laburante amasijado de peatones
los remendados inventarios del embrujo:
la pelota de trapo
los mozos del feca de la esquina
bailando un tango de Villoldo al compás del organito
el entierro del títere
Gabino Ezeiza, Betinoti
el acordeón y los ácratas
después vinieron los largos
el pelo tirante y la raya al costado
los inmensos habitantes del puchero misterioso
Miguel Hernández, las brigadas
y la tinta de blindar la rosa…
Lo que quizás nunca supiste
es que mucho antes que el gigante pétreo te matara de álgebra
ya eras una luna con gatillo aunque usaras tiradores.
Sin duda Don Raúl purrete
lo mejor de todo aquello haya sido conocerlo a Roger Bacon
“contempla el mundo” te dijo
y el vapor de la Carrera te despidió en Montmartre.

