La palabra
Siento esta noche herida de muerte las palabras
Rafael Alberti
Ya en el principio era el verbo
la palabra inventando los pájaros
dirimiendo la luz de las sombras
la estrella del capullo
el monte de la mar.
Andaba por el tiempo engendrando el universo
ordenando el caos primero
nombrando las cosas sin saberlo
era abundante, fecunda
vívida, repartida.
Ella
al pie de las hogueras
relató los hechos
preservó las tradiciones, los misterios.
Ella
en medio de la noche
volteó al cielo y cantó con devoción
agradeció la vuelta de las estaciones
la multiplicación de las bestias
cada nuevo amanecer.
Sobre las barcas trémula
ella, la palabra, altiva y frágil
reprendió la mar y la tormenta
esculcó las profundidades del abismo
el rumor de la caracola
la lengua afilada de los arrecifes
y volvió una noche en el canto de los pescadores
con la red repleta de lunas divididas.
Ella, la palabra
desnuda y grácil
anduvo por los campos
en tiempos de la siembra y de la ciega
bajo el sol derramado de la tarde
entre rústicos labriegos
adornada con plumas y joyeles entre frutos y semillas.
Ella decodificó la sangre del poeta y vagó hasta perderse
bebió el vino de los trasnochados
jugó con las cuerdas del laúd y los atabales
penetró el pubis insondable de la noche
y espantó el sueño de los enamorados.
La palabra, siempre la palabra
solamente la palabra
la palabra precisa
la palabra perfecta, abrazadora
el verbo mismo de la vida.
Hasta que un día
no se sabe como ni cuando
se llevaron la palabra para siempre
la amarraron, la ultrajaron y vilipendiaron
la obligaron a servir a los tiranos
ella que andaba libre entre las flores
ella que era limpia como el agua clara
ella que al nombrar hizo planetas
que de un golpe separó lo seco de la mar
fue obligada a servir a los tiranos.
Levantó falso testimonio
para que se llevaran a los inocentes
justificó la guerra y la barbarie
la explotación y el hambre inadmisible de los niños.
Ella
que salió de la boca de la mina con los obreros
sudorosa y maloliente enarbolando las banderas.
Ella
que en los estrados
defendió a los mártires de los inquisidores buitres
Ella
que al pié del patíbulo
prometió la vida eterna a nuestros muertos.
Ella
que pronunció las palabras
escribió los manifiestos y proclamas
Ella
que asistió a los fusilamientos
que quedó prisionera en los labios rotos de los torturados
Ella,
ella defendió al oro y al soldado.
Desde entonces la palabra está dividida contra sí misma
la mesa y la casa divididas
el padre y el hijo enfrentados.
Por eso lanzo estas palabras como puñales
veneno para lobos
estrellas rotas
palabras precisas
milimétricas palabras
meticulosamente pensadas
Por eso digo bala y no paloma
digo silbido de machete y no quebranto
digo galope, horizonte, sementera
y no digo amor si no estoy enamorado
Yo que llevo un pueblo de poetas en la sangre
yo que llevo el semen azul de los planetas
yo que he roto hierros contra las murallas de la ignominia
doy fe de vida y dignifico la palabra
la palabra clara y cristalina
la palabra precisa y sin ambages
la palabra humeante y repartida
como un pan, como un abrazo, una caricia
solidaria, humana, terrenal, constelada
la palabra.
Espanten esos lobos de mi casa
no vengan a mi entierro con palabras
tráiganme hombres y mujeres en racimos
y colibríes de niños por guitarras
por que por más que me rompan uno a uno los huesos
por más que se coman mi corazón entre las sombras
y sienta esta noche herida de muerte las palabras
yo seguiré haciendo el amor con las estrellas
y defendiendo con mis dientes la palabra.
Armando de Magdalena es El poeta de la barbarie.