Fusilazo de los poetas muertos
Así sos Buenos Aires
fantasmal y bohemia
malmatada y medionaciendo
preñada de garufas y quijotes
de pibes revolviendo la basura
de gatillos y ravioles.
Un ángel se engardela entre la bruma marinera
y se va dibujando un tango por la calle surabajo
a encontrarse con la fantasma más morocha en puerto piojo.
Tan sólo un segundo antes de que la luna Daltónica
convirtiera en acero bruñido
los charcos y el empedrado del puerto
pasó Pablo con su barca pescadora
y la red repleta de estrellas y de obreros
navegando sobre el humo de las fábricas
tenaz y tozudo como siempre
tras las húmedas bahías púbicas
de la excesiva ternura.
Así sos
qué lindo ronca el Río ahora que el Sudeste lo cobija
ahora que los borrachos y los poetas
y los suicidas de siempre y los sin nada por siempre
lo miramos…
No sé si yo me parezco a Buenos Aires
o Buenos Aires se parece a mí
o Buenos Aires y yo nos parecemos al Río
o el Río, Buenos Aires y yo nos parecemos al vino
que es un cielo chiquitito sin estrellas
que precisa un par de labios para amanecer
que puede ser triste o loco
peleador o enamorado
pero sabe soñar.
En la esquina una piba relinda espera que la levanten
y yo pienso que tanto a ella como a mí
nos gustaría ser como el río a esta hora
y que el Sudeste nos cobije
y nos dé un poco de lo mucho que no hay
y nos dé un beso bajo la luna y las estrellas
y nos acomode el pelo con sus dedos finísimos
y se sonría
y se quede hasta mañana a nuestro lado.
Así sos Buenos Aires.
Abajo de un semáforo
sentados a una mesa sin patas
América y Julio Huasi discuten
(mientras se chupan todo el gin del inventario)
acerca de la necesidad o la inconveniencia
de volarse la tapa de los sesos de un violinazo.
Tuñón, de poncho y chambergo
en compañía de los títeres inconsolables
se recuesta sobre el murallón de la costanera
para hablar con sus camaradas muertos tan hace poco.
Ya es la hora
Discépolo pasa entre todos sin novedad
fumando sin decir nada
la noche ha sido como siempre
larga y llena de tinta que busca el papel urgentemente.
Así sos fantasmalaires.
Parece que pronto va a amanecer
porque por la calle allá bien lejos
viene Armando Tejada Gómez
con un pan y un racimo de uvas en las manos
a desayunar como siempre de cara al sol.
Así sos Buenos Aires
fantasmal y bohemia
malmatada y medionaciendo
preñada de garufas y quijotes
y de poetas con el amor intacto
que perdieron el último bondi
que iba al cielo.

