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IV
Hay dos o tres aspectos que hablan a las claras de esta manipulación sobre la cual se ha arquitectado el mito civilizatorio de occidente: el primero es este que tiene que ver con la antigüedad (es decir: con el origen), el segundo tiene que ver con el supuesto aislamiento del mundo antiguo y el tercero con el mismo concepto de lo“primitivo”.
En relación al aislamiento (que es obvio está ligado a la idea de pueblos singulares), existe bastante consenso acerca de las capacidades de traslación (incluidas la navegación ultramarina) no ya del hombre antiguo sino incluso del hombre prehistórico. Como parecen sugerir los mapas que aún sobreviven el paso del tiempo (algunos que mostramos a continuación, y otros de los cuales sólo se habla o son citados en textos de las épocas más diversas),ya muy en lo antiguo se tenia un conocimiento bastante vasto de la geografía terrestre, incluso por parte de lo que hoy llamamos “occidente”11.
Un sin numero de analogías y de estudios comparados sobre los pueblos de Asia, Norte de África, Sur de Europa, Mesoamérica y los Andes Centrales, así como material arqueológico encontrado podrían apuntalar esta presunción de un mundo conocido y comunicado.
Muchos trabajos de campo en los lugares más recónditos del planeta han aportado elementos: el hallazgo de “anclas de piedra” en las costas de California, en un todo idénticas a los utilizadas por los chinos en tiempos remotos21. Los hallazgos de cocay maíz en enterratorios egipcios, o de monedas romanas y cartaginesas en el Caribe, así como los sugestivos petroglifos de Tarapacá en el norte chileno,donde se ven embarcaciones muy similares a las que surcaban el Nilo, o las“momias” de los indios chinchorros en el norte chileno, mil años más antiguas que las egipcias no son en sí la explicación contundente de nada pero si la posibilidad concreta de algo. La posibilidad de una línea investigativa que ha sido descartada desde el vamos por una filosofía subyacente. Esas escasas pero singulares pruebas, esos estudios comparados de los que hablábamos antes,las mundialmente conocidas expediciones que el sueco Thor Eyerdhal efectuó en balsas de totora comunicando el Perú con Egipto, el delta de Mesopotamia y el Caribe valiéndose de las corrientes oceánicas, hacen no sólo verosímiles estas teorías sino hasta probables.
Mapa de Tlomeo12
Portulario Heresford 127513
Portulario14
Anónimo de 148515
Henricus Martellius16
Detalle del mapa de Henricus Martellius17
Comparación de accidentes geográficos18
Mapa de Toscanelli19
Portulario Piris Reis20
Pinturas rupestres deTarapacá (Chile)22
Esto estaría indicando que de una manera permanente (o más o menos regular y periódica) nuestro continente habría sido punto de partida y de llegada de estas expediciones interoceánicas. La presencia vikinga en Canadá (el Vinland de las sagas) 400 o 500 años antes que Colón24, está prácticamente aceptada por parte de la comunidad científica, por qué entonces pudiera ser improbable otras presencias como la china, egipcia, o altiplánica en oriente?
Principales corrientes oceánicas23
Ya mucho antes que el sueco Eyerdhal, alguien tan extraordinario como el barón alemán Alexander Von Humboldt había relevado la mayoría de esas vías oceánicas intercontinentales (a principios de 1800) como la Gulf Streamque depositaba de manera regular en las costas de Escocia y Escandinavia todo tipo de restos orgánicos (y hasta cadáveres) provenientes de las masas continentales diametralmente opuestas a Europa. Cuesta realmente creer (volviendo a nuestro nudo argumental) que hoy se discutan cosas que ya en el1800 todos daban por ciertas. La cantidad de referencias concretas y específicas (con nombre, apellido y fecha) que se hallan en los escritos de Humboldt acerca del hallazgo y arribo a las costas europeas (en toda época) de canoeros esquimales (o vaya a saber uno de que pueblos), es asombrosa y harto significativa para lo que queremos ilustrar25.Incluso los estudios que realizara sobre la vegetación y cultivos americanos son asombrosos ya que registra o cita variedades de cereales muy similares a la cebada y el centeno cultivados en la araucanía o de un trigo supuestamente nativo cultivado en el actual territorio de México. Es asombroso que el mismo proponga (ya en el 1800) estas migraciones de ida y vuelta y la posibilidad de la presencia en América de pueblos como el egipcio o el cartaginés, o más arcanos como los hiongnus, burates, kalkas o silfanes (de origen mongol).
Una vez más, más allá de lo anecdótico, lo importante aquí es que de ser cierta estas hipótesis, los procesos interculturales y aculturales serian muchos más antiguos y de mayor envergadura y relevancia delo generalmente aceptado, lo cual a su vez representaría una objeción insalvable al «mito civilizatorio occidental» de los pueblos singulares. El mundo, la civilización, seria como dice Richard Rudgley, un largo proceso de acumulación colectiva y no un hecho singular y espontáneo en manos de una o dos súper razas de hombres diferentes.
El otro tema, el de la escasa antigüedad de las dataciones,lleva también implícito y por contrastación, la idea de «pueblos nuevos»,«primitivos» o «sin historia», como ya hemos dicho. No fue sólo Augusto Comte,el mismo Marx hace propia la expresión de Hegel de los «pueblos sin historia» cuando en muchos de sus primeros trabajos habla de «naciones bárbaras o pueblos bárbaros». Esta idea instalada en nuestro sentido común, ha sido naturalizada por 500 años de dominación y su supervivencia en el imaginario de los pueblos fue posibilitado en parte por los escasos trabajos de campo realizados en nuestro continente, que como ya hemos referido han sido patrocinados, en su mayoría, por instituciones que no necesariamente tenían o tienen, intereses estrictamente científicos.
Cada nuevo hallazgo, cada nuevo proyecto emprendido desde nuestras instituciones o al menos por científicos no comprometidos con el mito civilizatorio de occidente, empuja hacia atrás aquella cronología que nos fue impuesta. Dataciones como las que hemos dado, cuestionan seriamente la teoría de «mero apéndice», «colonización tardía» y otras afirmaciones aún vigentes que no hacen más que subvalorar nuestro pasado, ya que de consolidarse en esos guarismos que dimos el hombre tendría una antigüedad muy similar en todo el globo (cosa que vale la pena aclarar, tampoco iría en desmedro de las teorías difusionistas o migratorias como las de Hrdlilcka, Imbelloni u otros)pero por sobre todo un posible mismo linaje. Quizás en el extremo de esta pretensión etnocéntrica se encuentren teorías como las de Von Danikenque atribuyen toda la cultura de los constructores de pirámides (tanto en Mesopotamia, Egipto, Mesoamérica o los Andes Centrales) a viajeros intergalácticos.
Ligado a esto y como consecuencia, están las connotaciones negativas del término «primitivo» tan usado, tanto en la psicología, las ciencias sociales, la historia y la filosofía. El ya nombrado Richard Rudgley,en su libro «los pasos lejanos / una nueva visión de la prehistoria» nos da una imagen totalmente distinta a la de la «animalidad» supuesta del hombre paleolítico que subliminalmente nos inculcan los manuales escolares y textos de divulgación. Sin extendernos demasiado Richard Rudgley después de exponer los logros del mal llamado hombre prehistórico (conocimientos astrológicos y calendáricos -lunar/solar combinados-, trepanaciones de cerebro, arreglos dentales, pirotecnología, cultivo, preservación de alimentos, domesticación de plantas y animales, sistemas de contabilidad y escritura por signos y por fichas, concepciones religiosas complejas, y muchas cosas mas) concluye que el«primitivo» (incluso en la Edad de la Piedra Antigua) contaba con capacidades de abstracción muy similares a las del hombre actual. En el mismo sentido Sigmund Freud en su ya clásico «Tótem y tabú» nos muestra un hombre primitivo con un psiquismo rico y sutil (incluso habla de una «omnipotencia de ideas» propia del pensamiento mágico que según el autor sólo pervive hoy en el artista). Mircea Eliade se refiere a lo mismo, cuando afirma que la misma capacidad que el hombre actual despliega sobre lo material, el «primitivo» lo despliega sobre lo trascendente. Para él el único parámetro válido para valor correctamente al hombre antiguo era y es su gran creatividad. Por lo tanto él término “primitivo” siempre se ha prestado a confusión ya que por cuestiones filosóficas tiene para occidente una carga peyorativa muy grande y no se apega al verdadero sentido (incluso etimológico) que debería tener, es decir, el de primigenio. Para lo que no cabe duda que ha servido “primitivo”, es para convencernos, no sólo, de nuestra inferioridad material y espiritual, sino de nuestra inferioridad hasta genética. Por eso el positivismo, el darwinismo social y las nuevas formulaciones que revitalizan permanentemente la misma pretensión.
En mi opinión, todo lo contrario es cierto y ni siquiera es importante entrar en toda esta polémica acerca de la antigüedad o el origen. Es innegable que la historia sólo puede ser explicada como interculturalidad. El pensamiento seminal, mágico, donde se inserta el mito, no es un fenómeno americano ni por lejos, sino un fenómeno común a todos los pueblos y que en el caso de occidente fue sustituido por una teología de la razón.
Esa “Europa” como civilización, cada uno de los países que la componen, no tienen, por tanto, un pasado distinto al nuestro y no ha habido nunca pueblos que crecen desde la nada ni con capacidades diferentes. Las culturas (como nada en la vida) no han seguido un único patrón, ni se han desarrollado en el mismo sentido, ni con la misma cronología ni secuenciación. Si la cultura es una ecuación hombre/tiempo/paisaje no puede haber dos culturas iguales… en todo caso puede haber respuestas similares a situaciones parecidas. Lo que es innegable es que el propio desarrollo de la humanidad (desde los primeros núcleos hasta hoy) a tenido un efecto homologador que sería imposible no se hubiera producido: las culturas se han ido comunicando e influenciando unas a otras y más allá del carácter traumático o no traumático de estos intercambios han ido produciendo comunes denominadores que en su esencia las hacen bastante parecidas unas a otras.
Tenemos así un doble reforzamiento: sí el hombre se extendió porla faz de la tierra a partir de uno o varios núcleos pequeños, tenemos queaceptar por un lado que provenimos de una (o de unas pocas culturas madres),por otro lado ese peregrinar sobre la tierra fue generando respuestassingulares a situaciones específicas que generaron a su vez, particularidadesculturales que luego por interacción fueron de nuevo universalizadas de uno uotro modo.
Todo este razonamiento apunta simplemente a aquella dicotomíainicial entre pensamiento y no pensamiento, entre ciencia y mito, conocimientoo religión y que pueden reducirse a la de civilización o barbarie. Laciencia es un producto cultural igual que la tecnología, la filosofía, lareligión y ningún pueblo en ningún tiempo y lugar ha prescindido de ella.En todo caso nosotros siempre nos hemos referido a “la ciencia”, que asíentrecomillada, no es menos mitológica que el mito mismo en tanto y en cuanto,como ya lo señalamos, es parte activa e interesada en la construcción de unmito civilizatorio.
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