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II
Investigaciones recientes efectuadas en el fondo del Mar Muerto han revelado la existencia de ciudades sepultadas bajo las aguas de dicho mar, que se vieron anegadas cuando se rompió la pared que contenía al Mediterráneo formando el estrecho de Bósforo. El problema que se presentaba es que la datación de los datos positivos exhumados difería en mil años con el relato bíblico, lo que presentaba un serio problema en relación a la veracidad del mismo. Complementando estos logros arqueológicos con las investigaciones históricas se llego a la conclusión de que el relato era verosímil en tanto y en cuanto que los hebreos habían sido esclavos en Mesopotamia y habían tomado el relato del poema babilónico de Gilgamesh cuya cronología coincide con los datos positivos de los arqueólogos submarinos. Pero esto para los más escépticos podría seguir estando dentro de las coordenadas del mito civilizatorio capitalista, ya que el cristianismo (en cualquiera de sus versiones, e incluso el judaísmo) es parte de ese mito occidental de los pueblos superiores y predestinados. En general científicos de todo el mundo trabajan permanentemente tratando de demostrar la verosimilitud de muchos relatos bíblicos, y otros de aquella época, posteriores o anteriores, como la Guerra de Troya o el Rey Escorpión del Egipto pre faraónico, y no pocas veces han alcanzado resultados positivos. Esta nueva actitud de una parte de la comunidad científica, si bien sigue siendo funcional al apuntalamiento de la genealogía occidental, no deja de ser un cambio radical de esta históricamente traumática relación del mithos con el logos, e indudablemente de consolidarse podrá seguir arrojando en el futuro resultados cada vez más positivos, porque quizás el mito pueda llenar muchos de los vacíos históricos, que las ciencias sociales y la hermenéutica aun no han podido.
Lo interesante para nosotros es que el caso del “diluvio universal” registrado en la Biblia no ha sido sino la punta del iceberg ya que lejos de ser un hecho aislado ha sido solo la primera prueba de un fenómeno universal que a su vez parece convalidar aquella vieja teoría de la Atlántida no en el sentido del relato platónico por todos conocido (como mera leyenda de una hipotética civilización), sino en el de la existencia y desaparición de todo un horizonte cultural antediluviano que quedó sumergido 30 0 40 metros bajo las aguas cuando hace aproximadamente 8000 años los hielos comenzaron a derretirse en todo el mundo y la geografía terrestre cambió abruptamente cuando el mar entró sobre los continentes y se elevó (como ya dijimos entre 30 y 40 metros) convirtiendo en islas los picos de los cerros y en fondo marino ciudades enteras en todo el mundo.
En los libros sagrados hindúes, los vedas recogen la “leyenda de Manu” especie de Noé brahmánico llamado en realidad Viavasvata, lo llamativo es que los pasajes védicos más antiguos son atribuidos a los arios que invadieron el Valle del Indo alrededor del 1000 al 1300 ac., sin embargo hoy, recientes excavaciones hechas a entre 30 y 40 metros de profundidad en el Mar Arábigo han cambiado totalmente la visión que se tenía de la cultura del Valle del Indo, ya que se han encontrado un sin número de ciudades sumergidas por el “llamado diluvio” que sin duda fueron el origen de dicha civilización y los autores (como sobrevivientes que eran) de los mitos recogidos por los vedas, que sin duda son miles de años más antiguos de lo que se creía. Otro ejemplo de este fenómeno (que a su vez confirma su carácter universal) es el de las Islas Ryukyu en Japón donde también se hallan sumergidas una serie de formaciones megalíticas (acerca de las que se discute aún si son naturales o hechas por el hombre) y que parecen haber sido obra de la cultura “yamon” de unos 16.000 años de antigüedad y que se cree fue el primer pueblo alfarero del mundo. Esta presunción se halla avalada por otros hallazgos submarinos de más fácil comprobación y también en estudios efectuados en torno a las creencias y prácticas sintoístas donde todavía puede rastrearse un cierto culto a las grandes piedras y a las construcciones megalíticas portadores del kami o espíritu sagrado y que pueden encontrarse diseminados sobre la actual geografía del Japón. Es decir, una serie de investigaciones como las que hemos señalado (o incluso las llevadas adelante en la Isla de Malta en el Mediterráneo) estarían hablando no sólo del diluvio universal, sino también de una serie de altas civilizaciones que quedaron sepultadas hace miles y miles de años (8000 al menos) y de las cuales nada sabemos o muy poco. Como ya lo dijimos esto cambiaría de forma radical el concepto de lo que hoy entendemos por civilización, cambiaría también radicalmente la antigüedad y las genealogías mismas, explicaría el desarrollo aparentemente singular de muchos pueblos y confirmarían aquella teoría que hablaba de una cierta involución cultural, de retroceso civilizatorio, producido por aquel cataclismo. Hoy la ciencia a través de la informática puede trazar (y lo ha hecho) los mapas de aquel mundo antediluviano y los hallazgos de los que hemos dado cuenta se ubican en el tiempo que lo hemos dicho sobre tierra firme, lo importante es que una vez más (como el de Manu o el de Noé) los mitos se reivindican con verdaderos aunque lo hagan en un lenguaje y de un modo que es al que nos tiene acostumbrado la ciencia.
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