El partido revolucionario y la batalla cultural en América
Indice:
Cómo se construyó el pensamiento único
La relación cultura / contracultura
Memoria histórica vs desinstalación de la memoria
La síntesis cultural
El intelectual orgánico y el Partido
Los itinerarios del pensamiento argentino
La visión liberal de la historia Otra vez Calibán
Hacia una nueva cultura de la liberación
Conclusión
Estamos transitando los primeros momentos del siglo XXI. El mundo en el cual nacimos y crecimos ya no existe. Y es que se han experimentado transformaciones tan radicales en un lapso tan corto de tiempo, que resulta muy difícil comprender la dimensión real de los cambios producidos y por sobre todo la incidencia de esos cambios ya no solo en nuestra realidad, sin la que pudieran tener en el futuro mismo de la humanidad.
Cuales son las características fundamentales del mundo en que vivimos hoy?. Una es la globalización, la otra es el pensamiento único. Lo primero que hay que entender es que la globalización es un hecho irreversible. Lo segundo es que no es un hecho espontaneo y reciente, sino que responde a todo un desarrollo histórico (que es la historia misma de la humanidad) que parte desde el total aislamiento en que se desarrollaron las primigenias sociedades humanas, hasta llegar a nuestros días. La globalización es por tanto una consecuencia del desarrollo de la sociedad humana.
El capitalismo nace en medio de este proceso cuando se producen los grandes descubrimientos geográficos. El traspaso de riquezas inimaginadas hasta entonces desde América hacia el “viejo continente”, posibilitó la acumulación originaria que dio origen al modo de producción capitalista. El auge del comercio, los descubrimientos científico tecnológicos y el colonialismo hicieron el resto. Desde entonces el capital se ha desarrollado, expandido y trasnacionalizado de manera casi ininterrumpida. “Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros mas fanáticamente hostiles a los extranjeros”.
La existencia del campo socialista, el auge de las luchas obreras en todo el mundo y las guerras de liberación, constituyeron un serio problema para el desarrollo ilimitado del capitalismo a escala planetaria. Durante más de medio siglo el capitalismo se vio obligado a efectuar concesiones (que le impidieron muchas veces cerrar el ciclo del capital), para competir con el socialismo como modelo de bienestar. Solo después de su gran victoria ideológica sobre el socialismo real, es que puede dar un gran salto en ese proceso de expansión y concentración.
Con la caída del muro de Berlín se abren las puertas al mundo unipolar y al pensamiento único. Se produce “el boom” del neoliberalismo. La economía de libre mercado arrasa con las industrias nacionales de los países periféricos, las economías regionales y el mercado interno. Se produce el traspaso de las empresas públicas a manos de las grandes corporaciones, privando a los estados nacionales del manejo de los resortes estratégicos del desarrollo (petróleo, minerales, industrias petroquímicas, siderurgia, comunicaciones, transportes, etc.). Las reformas constitucionales dan carácter legal al saqueo y a la subordinación a las leyes supranacionales de los grandes centros de poder, de esta manera el estado nacional deja de garantizar los derechos esenciales de la sociedad (salud, educación, trabajo, etc.) y de impulsar el desarrollo económico y social, para concentrarse pura y exclusivamente en la cohersión social y la represión lisa y llana. También se operan reformas educativas para hipotecar el futuro de las naciones en vías de desarrollo y se deja a la población a merced de los medios de comunicación transnacionalizados que han jugado (y lo siguen haciendo) un papel fundamental en el proceso de propagandización del pensamiento único, de domesticación de la sociedad y de aculturación sistemática. Se podría decir entonces que existe un “metagobierno” al cual están subordinadas todas las políticas de los estados nacionales, sobre todo de los países en vías de desarrollo.
Ahora bien. Cuál es la gran paradoja del mundo en que vivimos? Nosotros estamos en los tiempos de la Tercera Revolución Cientifica Tecníca, caracterizada por tres elementos esenciales: 1) La revolución de la informática. 2) La automatización y la robótica. 3) La biotecnología o la bioingeniería.
La paradoja es que a pesar del gran desarrollo científico tecnológico, los problemas de la humanidad lejos de haberse solucionado, se han profundizado de una manera que a veces nos cuesta dimensionar correctamente. No hay ningún intelectual que pueda explicar esta paradoja y al mismo tiempo sostener al capitalismo ya no solo como modelo para la realización plena del hombre, sino como capaz de solucionar sus necesidades más elementales. Este es el flanco que nos presenta el sistema y es ahí donde debemos golpearlo con toda nuestra fuerza.
El mundo está hoy en condiciones de producir tres veces más alimentos de los que puede consumir. Está en condiciones de prevenir o curar la casi totalidad de las enfermedades existentes. Está en condiciones de suprimir el aislamiento geográfico y universalizar el conocimiento y a pesar de todo eso mueren por millones hombres, mujeres y niños a causa del hambre y las pestes. El mapa del analfabetismo, del hambre y las pestes, es el mapa del mundo nuestro. El capitalismo es desde este punto de vista “impresentable” como modelo y sin embargo ha logrado un consenso, un grado de credibilidad que solo puede ser explicado a través de la construcción del “pensamiento único”.
Como se construyó el pensamiento único
Desde el principio mismo de los tiempos el hombre ha tratado de explicar el origen y el destino del universo . La espiritualidad es sin duda una condición natural del ser humano. Su manera de percibir la realidad, sus miedos, sus angustias, sus deseos, la manera misma en que se interpretan los hechos históricos y los fenómenos de la naturaleza, fueron conformando distintas cosmovisiones que dieron origen a los principales sistemas religiosos. Si bien el materialismo ya existía en la antigua Grecia a través de filósofos como Heráclito, Tales y Anaximenes, el hecho de que basara sus explicaciones en la ciencia, fue durante mucho tiempo un limitante para esta corriente filosófica ya que la ciencia misma, era todavía muy rudimentaria como para dar una explicación convincente al problema fundamental de la filosofía. No es casual que el auge de materialismo coincida con la gran explosión del conocimiento científico.
El hecho concreto es que durante toda la antigüedad y el medioevo el mundo fue explicado a través de su carácter divino. No fue, necesariamente la fe o la espiritualidad del hombre, sino la “institucionalización de la fe” o sea las diferentes iglesias, la que jugó un papel retardatario en determinados momentos de la historia de la humanidad, ya que como toda institución las iglesias respondieron (o sea fueron funcionales), al poder dominante en cada momento. Así “el carácter divino de las cosas” sirvió en primera instancia para tergiversar el dogma de las religiones (generalmente liberadoras, en sus orígenes ) y convalidar las desigualdades sociales, la esclavitud, la servidumbre. Los reyes eran reyes por “mandato divino” y “la desigualdad era una realidad que siempre había existido y si todo lo que existe, existe por voluntad de Dios, quiere decir que Dios convalidaba este orden de cosas…”
Esta etapa de la historia de la humanidad es muy esclarecedora a los efectos de estos apuntes ya que aquí también se intentó con éxito instaurar el “pensamiento único” y no son pocos los paralelos que podemos trazar con el presente: Primero existió una apropiación del conocimiento. La iglesia se apropió de todo el conocimiento existente hasta el momento (sobre todo del legado de la cultura grecolatina) y combatió abiertamente a la ciencia ya que vio en su desarrollo un cuestionamiento a la esencia misma de la fe. El conocimiento de esta forma se convirtió en un poder que se ejerce contra el que no lo tiene y la religión como un instrumento para apaciguar a las masas y convencerlas de que no tenían que revelarse ante el orden de cosas establecido, sino más bien aceptarlo por que “cuanto más sufrieran en la tierra mayor iba a ser su dicha en el cielo”, lo que representa desde el punto de vista mismo de la fe, una tergiversación y un fraude.
Segundo, el pensamiento único de ese momento fue impuesto no solo a través de la “no-educación”, la prédica clerical y la nobleza, sino también a través de instituciones como la Inquisición española o Santo Oficio, creadas especialmente para llevar adelante la lucha ideológica y la represión. La Inquisición fue responsable de encarcelar, torturar y ejecutar a millones de personas por intolerancia religiosa y resistencia al conocimiento científico.
Tercero con el pretexto de la defensa de la “Santa Fe”, inició empresas expansionistas (las cruzadas y las conquistas de América y Africa) para abrir nuevas rutas y desarrollar el comercio. Hecho de singular importancia como ya apuntamos anteriormente, ya que amplió “el mundo conocido” y generó la base material para desarrollar después el sistema capitalista. El fundamentalismo religioso y la sed inagotable de riquezas constituían la ideología y la sicología del conquistador europeo que emprendió estas empresas. Oro, siervos y almas, eran sus premisas. La cruz, la espada y el capital, sus fogoneros. Lo que no pudo imaginar ese fundamentalismo, es que al pretender consolidarse, estaba sentando las bases materiales y espirituales de aquello que lo iba a sustituir.
Los grandes descubrimientos geográficos provocaron una verdadera conmoción en la subjetividad del hombre feudal ya que ese mundo que había multiplicado varias veces su tamaño, se develó repentinamente ante sus ojos con toda su diversidad y magnificencia: territorios y riquezas inimaginadas, especies animales y vegetales totalmente desconocidas, culturas exóticas, religiones indescifrables. Esto dio un nuevo vuelo a la capacidad fabuladora del hombre y lo desafió profundamente en todos los aspectos. De toda esa riqueza que drenaba desde los confines más remotos hacia las grandes metrópolis, de todo esa eclosión cultural provocada por la irrupción abrupta de otros mundos en aquel mediterráneo “mundo conocido”, de todo lo que ese fantástico cambio cultural provocó en la subjetividad del oscuro hombre feudal, de la conjunción de todos esos elementos, nacería un tiempo en el que se operarían cambios de una profundidad, dinamismo y magnitud, como nunca antes se habían registrado en la historia de la humanidad.
Ahora bien, la Modernidad vino decretar la muerte de Dios. Nada volvería a ser explicado a través de su carácter divino. Roto el monopolio del conocimiento, el pensamiento único no tuvo más que sucumbir. La realidad empezó no solo a ser interpretada, sino también cuestionada. Es ahí donde el hombre retoma su vocación filosófica, reconstruye los puentes que lo ligaban a la historia de la civilización y pasa a ser el centro del universo. Esta nueva actitud vital salpica todos los aspectos de lo humano. El pensamiento, el arte, la ciencia, todo se revoluciona de manera ininterrumpida. El hombre se erige en su propio Dios. El conocimiento y la razón se convertirán en su dogma y el mundo será pensado por acción u omisión. Nacerá una nueva mística, la de los luchadores, la de los hombres apasionados que renunciarán a todo por ver sus sueños hechos realidad. La idea de que a través del trabajo creador, del conocimiento y la razón todo puede ser transformado, tomará carácter de verdad irrefutable. Es el tiempo de las utopías. El hombre ya no tendrá destino, sino futuro.
Ya en el llamado “Renacimiento” comienza a romperse la hegemonía del pensamiento único. Y como se empieza a romper esa hegemonía?, a partir de la revalorización de la cultura que ese pensamiento único vino a suprimir. La revalorización de la cultura grecolatina no solo se expresó a través del arte de los grandes maestros de la pintura, la escultura y las letras, sino también a través de la relectura de los filósofos griegos, la profundización del conocimiento científico y el humanismo . La cultura occidental comienza a salir de las sombras del feudalismo y abre las puertas a las grandes “utopías”.
La Revolución Francesa, es el comienzo del fin del absolutismo y por ende de la superposición de la Iglesia con el Estado. Es el tiempo del “Contrato social” , “la Enciclopedia”, la guillotina, la pólvora republicana y la masonería. “No reconocían autoridad exterior de ningún género. La religión, la concepción de la naturaleza, la sociedad, el orden estatal: todo lo sometían a la crítica más despiadada; cuanto existía había de justificar los títulos de su existencia ante el fuero de la razón, o renunciar a seguir existiendo” “Libertad, igualdad y fraternidad” serán tres palabras que recorran al mundo conmoviéndolo hasta sus propios cimientos. Ahora bien, es aquí mismo, en el nacimiento del propio Estado burgués, donde queda prefigurada la batalla en la que aún nos hallamos inmersos. “Libertad, igualdad y fraternidad” resultaron ser desde el punto de vista de las masas oprimidas, palabras huecas. A partir de aquí esas dos visiones del mundo (la de los poseedores y la de los desposeídos), comienzan a diferenciarse cada vez más y no solo a diferenciarse, sino a confrontar abiertamente. Por un lado “el sueño dorado de la burguesía” . Por el otro, la de las clases mas oprimidas, para quien las cosas, no solo no han mejorado con la revolución burguesa, sino que en muchos aspectos han empeorado dramáticamente.
Muchos dicen que el siglo XIX terminó en 1914, o sea con el inicio de la Primera Guerra Mundial, ya que con la guerra termina la “edad de oro de la burguesía” (1830/1914). Ese sueño del saber iluminando la oscuridad del mundo, del reino de la belleza y la armonía, del progreso ininterrumpido, de la evolución de la especie humana, ese sueño queda clausurado ante el horror de la guerra. Es ahí en medio del hedor de la batalla, en medio de la desesperanza, del sin sentido, cuando parecía que nada podía pasar, que todo estaba terminado; cuando se hace visible aquello que imprimirá su mácula a lo largo del siglo que nace: “las vanguardias”. Dos momentos emblemáticos de esa verdadera contracultura que se venía desarrollando en el seno de la sociedad burguesa: 1916, el Manifiesto “Dadá”. 1917, la “Revolución de Octubre”.
El estudio de las vanguardias es fundamental para la comprensión de la batalla contracultural. La actual “dictadura del pensamiento único”, puede ser explicada en gran medida por la casi total ausencia de vanguardias estéticas y políticas. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que nos encontramos hoy en una situación muy similar a la de 1914.
Las vanguardias nacen como respuesta a la “revolución inconclusa”. Nacen fruto de las contradicciones del estado burgués y como necesidad de la lucha de clases. En consecuencia las vanguardias son más “modernas” que la Modernidad misma, porque buscan consumar sus postulados.
Las vanguardias son por otro lado un alto ejemplo de utopismo, o sea de subjetividad revolucionaria ya que estos grupos a pesar que en muchos casos estaban compuestos inicialmente por muy pocas personas, tenían la total certeza de que “iban a cambiar el curso de la historia”.
Tristán Tzara, creador del “dadaísmo” explica de esta manera como nació este movimiento en medio del horror de la primera guerra mundial: “Dadá nació de una rebelión, que en aquel momento era común a todos los jóvenes. Una rebelión que exigía una adhesión completa del individuo a las necesidades de la naturaleza, sin consideraciones para la historia, para la lógica, para la moral común, que es todo el valor burgués que en ese momento estaba estallando; para el honor, para la patria, para la familia, para el arte, para la religión, para la hermandad. Nada de eso era cierto, en nada de eso creía el dadaísmo”.
Nótese que este movimiento “artístico” que no estaba integrado por mas de diez personas, cuestiona eso que señalábamos mas arriba: la hipocresía del liberalismo burgués, el abismo insalvable entre sus postulados y su práctica que tuvo su punto máximo en la guerra del 14′.
Este pequeño grupo de intelectuales y artistas, que generó el movimiento más importante no por su desarrollo sino por su nihilismo, se va a atrever a descalificar todo el sistema de ideas y valores del liberalismo burgués, todas sus instituciones y toda su cultura y lo que es más notable van a marcar un punto de inflexión en la historia del arte y a provocar una nueva subjetividad. Va a gestarse una nueva forma de ver e interpretar la realidad y se va a producir un encuentro entre los intelectuales y artistas y las vanguardias políticas por un lado y la lucha social por otro. Expresionistas, dadaístas, surrealistas, futuristas, etc., todos van a consumar ese matrimonio y van a lograr, entre otras cosas, redimensionar el sentido del arte, van a conformar “una nueva estética de lo moderno”:
“El sueño de las vanguardias es integrar el arte a la vida [...]. Es hacer desaparecer el arte como una experiencia autónoma, el arte en manos de artistas, el arte como un don de elegidos o situado en la histórica galería de los genios, de la creación excelsa, sobrehumana, objeto de homenajes y distancia infranqueable”. “Las vanguardias, a diferencia del arte burgués -el arte excelso de la ópera, de la pintura y la escultura clásica y neoclásica, de la gran literatura llevada al parnaso, de la música sublime del barroco y el romanticismo, el del genio inmortal y el buen gusto, el de la belleza eterna y universal- va a mostrar las lacras fabulosas del mundo moderno. Sus figuras van a ser la prostituta, el enfermo, el marginal, el corrupto, la violencia social, el cuerpo desnudo femenino como mercadería sexual, lo procaz, la desesperación existencial, los valores insurgentes de la bohemia, la soledad en la muchedumbre urbana, la incomunicación humana, la angustia de la falta de sentido, la guerra, la muerte horrorosa, los cuerpos mutilados, el absurdo, lo informe, lo desarticulado. Todo lo que el buen burgués de esa época escondía porque era un camino de “belleza” de “lo otro del mundo”, de virtud, un camino si se quiere educativo, donde se hacía presente la consoladora y falsa moral del hombre. Las vanguardias reniegan de todo eso”.
Por otro lado las “vanguardias políticas” de distinto signo, incluso de carácter irreconciliable o antagónicas entre sí, son otro alto ejemplo de utopismo o subjetividad revolucionaria . Las vanguardias, estaban totalmente convencidas (a pesar que muchas de ellas en determinados momentos eran realmente insignificantes) de que podían cambiar radicalmente todas las estructuras de la sociedad, que podían cambiar al ser humano mismo y el propio curso de la historia y de la humanidad y en muchos casos lo lograron. Cuando Hitler funda el III Reich piensa y así lo expresa, que estaba fundando un imperio que duraría 1000 años. Eso es la modernidad. Dos rusos exiliados, sin un peso, sin trabajo, lejos de su patria y de sus afectos, se reúnen en Londres en el otoño de 1902 y se ponen a conversar totalmente convencidos de que pueden cambiar el curso de la historia, que pueden liberar del feudalismo más cruel al territorio más extenso de la Europa del este. Quince años más tarde lo van a lograr al liderar la primer revolución socialista de la historia de la humanidad. Esos dos hombres que se paseaban por las calles y las plazas de uno de los grandes centros de la cultura liberal burguesa, eran Lenin y Trotsky y el mundo no volvió a ser igual después que lograron hacer realidad sus sueños.
Qué queremos graficar con los ejemplos que acabamos de citar? Queremos graficar que las vanguardias no fueron vanguardias solamente, por ser portadoras de ideas radicales con respecto a las dominantes en el momento que les tocó desenvolverse, sino que lo fueron fundamentalmente porque eran dueñas de una “mística” que las llevó, no solo a los grandes manifiestos y a los apasionados debates, sino incidir en la subjetividad de las masas a las cuales en muchos casos lograron liderar y conducir hacia la materialización de esos ideales que ellas encarnaban y que ahora se tornaban posibles porque habían madurado las condiciones económico-sociales, que siempre actúan como marco de los grandes y de los pequeños acontecimientos del drama humano. Este sería el equilibrio justo entre la subjetividad y la objetividad, ni determinismo mecánico, ni voluntarismo aventurero.
Las vanguardias estéticas y políticas si bien tuvieron necesariamente que interactuar mutuamente ya que cohabitaron el mismo espacio histórico, se desarrollaron durante algún tiempo en forma paralela, siguiendo sus propios itinerarios; tenían en común que ambas estaban reinterpretando la realidad y que estaban buscando las respuestas que la cultura imperante no les podía dar dado su alto grado de descomposición. Lo que es fundamental para los fines de este trabajo, es que esas vanguardias tuvieron, como resultado de su propia evolución, que encontrarse indefectiblemente. Es imposible imaginarse las vanguardias estéticas al margen de las políticas y este hecho nos introduce a un tema desarrollado magistralmente por Antonio Gramsci (y que trataremos mas adelante) que es la “organicidad” de los intelectuales.
Lo que pretenden resaltar estos apuntes es: “que la modernidad es ante todo la aceptación del hombre como sujeto y como motor de la historia, es reconocer y valorar la capacidad de los hombres de interpelar a su tiempo y de transformar al mundo a través de su accionar consciente. Es la capacidad, en definitiva, de hacer los sueños realidades palpables”.
Ahora bien, cuando se habla “del fin de la historia”. Cuándo se habla de “Post-modernismo”, ¿de que se habla? Sin duda se habla de una vuelta al “carácter divino de las cosas” y hasta aquí hemos visto (aunque sea de manera superficial) lo que esto significa. Quiénes fueron los principales impulsores de la contrarrevolución mundial? : Juan Pablo II, Margaret Thacher y Ronald Reegan (la cruz, la espada y el capital nuevamente).
El capitalismo logró sobre el final del siglo XX revertir a través de una intensa batalla de ideas la situación crítica en que se encontró durante largos períodos del siglo pasado. Hablamos recién de la capacidad que tuvieron las vanguardias de interpelar al liberalismo burgués. Mencionamos a la pasada el surgimiento a través de la revolución rusa de “un nuevo orden mundial”. La “bipolaridad del mundo” (o sea, la lucha de paradigmas) permitió, entre otras cosas, la liberación de los países coloniales, el desarrollo con cierto grado de autonomía de los países en “vías de desarrollo”, también llamados del “Tercer mundo”; también obligó (como señalamos al principio de estos apuntes) al capitalismo a efectuar “concesiones” para poder competir con el socialismo como modelo de bienestar. El siglo XX fue un gran campo de batalla. Una batalla en el sentido que le diera Von Clausewitz: ” La guerra no es otra cosa que la continuación de la política del Estado por otros medios” y que Lenin precisó aun más al afirmar que no era solo eso, sino la prolongación de la política de determinada clase en condiciones históricas concretas.
La Segunda Guerra Mundial, fue una guerra del nazi-facismo contra el liberalismo burgués o sea, entre dos variantes del sistema capitalista (y una tan imperialista como la otra), pero al mismo tiempo fue una “cruzada contra el comunismo”, eso explica la ambigüedad de Inglaterra y Francia ante el expansionismo de Hitler al principio de la guerra. Mientras los nazis avanzaran hacia el este y se enfrentaran, mas temprano que tarde, con el ejercito soviético, las “democracias” no intervendrían . Hitler servía en ese marco a los intereses de las potencias capitalistas, mientras no les disputara (como finalmente ocurrió) sus respectivas cuotas de poder. De no intervenir Inglaterra, Francia y EEUU en la contienda, la contraofensiva soviética hubiera concluido, no en Berlín, sino en Portugal.
Con la derrota del “Eje” y el surgimiento del “campo socialista” el mundo entra en una nueva fase. La bipolaridad del mundo implica la existencia de dos grandes bloques de poder y una competencia de modelos de desarrollo que en la práctica sirvió para establecer cierto equilibrio internacional. Si bien los campos de batalla se desplazaron hacia los países del Tercer mundo, un nuevo tipo de lucha se concentró sobre las potencias, “la guerra fría” fue una guerra cultural por excelencia.
La caída del campo socialista fue un hecho en el cual confluyeron un sin número de factores y que exceden largamente las posibilidades y los fines de este folleto . Sin embargo ya que fue este derrumbe el que posibilitó la instauración de la dictadura del pensamiento único, debemos puntualizar algunos aspectos que nos permitan terminar de comprender de que manera se arquitectó el pensamiento hoy dominante.
En esta guerra se desarrollaron de una manera fabulosa los medios de comunicación masiva que fueron el vehículo propagandizador fundamental por donde se introdujo la cultura del consumo , con la consiguiente degradación de los valores que conlleva; la realidad virtual o hiperrrealidad, o sea un manejo amañado de la realidad difundido a través de las cadenas de noticias y fundamentalmente por los medios electrónicos, hecho a la medida de los intereses imperiales y donde el “montaje mediático” es más real que la realidad misma y mediante el cual se llevó a cabo con bastante éxito la “batalla psicológica” contra le bloque soviético.
El impacto de la caída del bloque socialista tuvo un impacto tan grande sobre la subjetividad mundial, que no creo sea necesario explicar ya que lo hemos sufrido en carne propia y es más, aun no lo hemos podido revertir totalmente.
En todo caso lo que podemos decir hoy a once años de la caída del “Muro de Berlín” con total seguridad, es que la historia no ha terminado. Hay hombres y mujeres que luchan con distinto grado de intensidad en todas partes del mundo. De la orgía neoliberal de aquellos días hoy solo queda “la resaca” y aunque muchos se han pasado al bando del enemigo, los que hemos sobrevivido sabemos que el fracaso de una experiencia histórica por dilatada e intensa que haya sido, no determina ni puede determinar, el fracaso o la caducidad de los valores e ideales que ella pretendía representar.
Para concluir, el pensamiento único necesita necesariamente la total domesticación de la sociedad, necesita la total aceptación de su lógica y su moral por parte de cada uno de los individuos de esa sociedad y eso a pesar de haber llegado demasiado lejos, todavía no lo ha logrado. La batalla cultural consiste fundamentalmente y en principio, en desenmascarar el carácter fraudulento del discurso capitalista posmoderno.
En todo esto hay algo de falso y algo de verdadero. Si pensamos la Posmodernidad como el vacío producido por la no-concreción de los ideales que abrieron paso al humanismo, a la ciencia y la razón, tendríamos que decir (aun admitiendo que la posmodernidad sea un salto atrás, en el sentido de repensar y reformular aquellos ideales) que la Posmodernidad sigue siendo esencialmente moderna y por lo tanto aquella “máxima” de que “a través del trabajo creador, el conocimiento y la razón, todo puede ser transformado” (o sea reivindicar al hombre como sujeto histórico), estaría plenamente vigente. La otra acepción la del Posmodernismo como fin de la historia, como “el fin del juego” y por lo tanto como “clausura de la esperanza”, es realmente inconsistente y poco seria y sobre todo sospechada de ser tributaria de lo más retrógrado del pensamiento humano y funcional a las minorías que han hecho fortuna a condición del hambre de millones. En todo caso lo que sí se puede asegurar con total seguridad es que la Posmodernidad, cualquiera sea la acepción correcta, será también, “un gran campo de batalla”. Volver
La relación cultura /contracultura
Ahora bien, ganar esta guerra implica en gran medida conocer íntimamente, en toda su complejidad, ese “gran campo de batalla” en el que nos vamos a debatir. Empecemos entonces por precisar lo más acabadamente posible, que es cultura para nosotros. Generalmente cuando se habla de cultura pensamos inmediatamente en el arte, cuando en realidad el arte es solo una parte (muy importante por cierto, pero parte al fin) o mejor dicho, un aspecto de lo cultural. Cuando nosotros decimos: “Que la dominación ya no es solo política o económica, sino por sobre todo cultural”, nos estamos refiriendo a algo muchísimo mas complejo que la simple relación arte/cultura.
Hay muchas formas de definir la cultura, pero fundamentalmente hay dos grandes grupos de definiciones. Un primer grupo en que las definiciones giran hacia cuestiones mas “esteticistas” (o sea “el arte de lo bello”) y que no es limitación en la comprensión, como vimos mas arriba cuando hablamos de las vanguardias, sino intencionalidad, ya que esta es la visión de la “edad de oro de la burguesía”, que hoy sigue siendo mayoritaria y que no solo es la visión oficial de la cultura o mas precisamente, “la cultura oficial”, sino que es la visión que tienen la mayoría de los actores culturales. Esta visión es por así llamarla, una visión “light”, donde predominan las formas sobre los contenidos, reduciendo el arte a una “revelación”, a un “don” que solo unos pocos han tenido la suerte de recibir; lo mismo sucede con el conocimiento. Es esta una visión “elitista” propia de la clase burguesa (aunque no exclusivamente de ella) que tiende a hacer irreconciliable la separación entre el trabajo manual y el trabajo intelectual y por tanto a convertir al conocimiento en un poder que se ejerce contra el que no lo tiene.
Y un segundo grupo (visión antropológica) donde la cultura es “todo aquello que hace el hombre”. Nosotros desde el punto de vista marxista, podríamos decir que estamos comprendidos en el segundo de los grupos.
En “Ideología y Cultura” Héctor Agosti parte de la siguiente definición para desarrollar su análisis: “es el conjunto de valores materiales y espirituales, así como los procedimientos para crearlos, aplicarlos y transmitirlos, obtenidos por el hombre en el proceso de la práctica histórico-social”.
Aquí si bien es cierto que se habla de los “valores espirituales”, se resalta el rasgo material que subyace en el fondo de la cultura y es muy importante tener presente este aspecto para no caer en elucubraciones metafísicas, pero “lo material” no puede explicar la totalidad del fenómeno cultural y debemos ahondar también en los valores espirituales ya que muchas veces se ha pretendido reducir al marxismo a una doctrina meramente economisista. “el ser social determina en ultima instancia la conciencia social” y en última instancia quiere decir que no siempre es así o sea que a veces puede ser a la inversa.
Vimos el caso de las vanguardias que surgen de las entrañas del liberalismo burgués, podemos citar el caso de la década del 60 donde los ámbitos intelectuales estaban, en gran medida, hegemonizados por la izquierda. “Según la concepción materialista de la historia, el factor determinante en la historia es, en última instancia, la producción y la reproducción de la vida real. Marx y yo nunca hemos afirmado otra cosa. Si después alguno lo retuerce hasta decir que el factor económico es el único determinante, transforma esta proposición en una frase vacía, abstracta, absurda”.
Hay entonces una serie de definiciones (complementarias inclusive en algunos casos unas de otra) y que vamos a utilizar para entender ese otro aspecto “no material” que encierra la cultura. Algunas de estas definiciones son: “Cultura es el conjunto de tradiciones, creencias, afectividades y costumbres de un pueblo”. “Cultura es la forma de ser y de pensar de un pueblo”. “Cultura es la memoria que un pueblo tiene de sí mismo”, etc. Como vemos aquí aparecen otros elementos como “la memoria”, “las creencias”, “las idiosincrasias”, algunos de los cuales trataremos en estos apuntes. Como podemos ver las posibilidades de definir “la cultura” son muy amplias ya que según la concepción a la que nosotros adherimos “toda actividad humana es, en definitiva, un hecho cultural”. Por eso es bueno que nos manejemos con esa amplitud (teniendo en cuenta tanto los aspectos materiales como espirituales) para mejor comprender un fenómeno harto complejo como es el de la cultura.
Marx y Engel nos dan otro dato importante sobre la cultura cuando nos dicen “La clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es al mismo tiempo su poder espiritual dominante”, o sea, queda aquí bien claro el carácter “clasista” de toda cultura. El poder espiritual del que hablan Marx y Engel, es ejercido de múltiples formas, por ejemplo a través de los medios formadores de opinión y de difusión de ideas . Otra es el sistema educativo; Aníbal Ponce en su libro “Educación y lucha de clases” (que por otro lado es un clásico de la pedagogía universal) dice que a cada sociedad le corresponde un sistema educativo funcional a sus valores y aspiraciones y que en última instancia prepara a los individuos para insertarse en la sociedad sin cambiar el status quo existente . Los intelectuales, artistas y personalidades reconocidas por la sociedad, son generalmente difusores y reproductores de los valores imperantes. Las Iglesias como instituciones son instrumento de ese poder espiritual que se ejerce, a pesar de que muchos de sus sacerdotes luchan por preservar aquel carácter liberador de las iglesias de los primeros cristianos. Todas las instituciones de la “democracia burguesa”, en última instancia, reproducen la ideología capitalista. Por eso, si el “estado nacional” es la expresión de la clase dominante, la “cultura oficial”, por mas progresista que pueda parecer circunstancialmente, también lo es.
Pero volviendo a las palabras de Marx y de Engel. Si bien es cierto que el que ejerce el poder material, ejerce también el poder espiritual de la sociedad, no es menos cierto que: “en toda sociedad (y por tanto en toda cultura) se encuentra de manera embrionaria los gérmenes de la cultura que la ha de sustituir. A estos gérmenes llamamos nosotros, contracultura. Cuando hablamos entonces, de asumir posiciones contraculturales, no solo estamos hablando de la preservación y el fortalecimiento de nuestra propia cultura, sino que estamos anteponiendo tácitamente el tema del poder. Contracultura lleva implícita la idea de lucha de contrarios y para ser tal tiene que demostrar su vocación de sustituir la cultura oficial-dominante.volver
Memoria histórica vs. Desinstalación de la memoria
La cultura oficial-dominante en América tiene dos características fundamentales: una que es la expresión de la burguesía (ya que salvo el caso de Cuba, en la totalidad del continente el estado nacional es la expresión de la burguesía) y dos que expresa los valores y las aspiraciones de las grandes metrópolis (ya que en el caso de América, casi siempre las burguesías nacionales estuvieron subordinadas a los intereses de los imperios de turno y esto no fue un hecho político económico simplemente, sino también, sociocultural, como veremos más adelante cuando nos refiramos a la “visión liberal de la historia”). Por lo tanto la cultura oficial-dominante en América, es una cultura que reproduce y convalida los mecanismos de la dominación y es desde este punto de vista, un agente extrínseco, ya que introduce desde fuera los valores del invasor.
La globalización capitalista solo puede seguir desarrollándose hasta las últimas consecuencias, si es capaz de instaurar una total dictadura del pensamiento único a nivel planetario y el único modo de instituir ese pensamiento es a través de la desinstalación de la memoria, de la deconstrucción de las diferentes culturas que pretende dominar.
Hemos visto a lo largo de estos apuntes, que el pensamiento único no es un fenómeno exclusivo del final del milenio, sino que tuvo antecedentes a lo largo de la historia de la humanidad.
Citamos en ese sentido, el caso de la Edad Media y vimos que la forma en que se empezó a romper esa hegemonía del pensamiento imperante durante ese período histórico, fue la revalorización a través del llamado Renacimiento, de la cultura que ese pensamiento vino a suplir, o sea, la cultura grecolatina. Si analizamos este ejemplo de forma inversa, caeremos en la cuenta de que “toda cultura para ser hegemónica necesita desarticular la cultura que pretende dominar o sustituir”. Y que significa desarticular una cultura?. Significa fundamentalmente socavar sus valores, sus tradiciones, su experiencia histórica e ir introduciendo “desde fuera”, los valores de esa otra cultura que la pretende dominar. Este reemplazo o sustitución de los elementos que componen una cultura por los de otra, se llama “aculturación” y la “memoria histórica” sería (muy sintéticamente) la capacidad que un pueblo tiene preservar su patrimonio cultural.
Los procesos de aculturación, no de manera excluyente , pero si en la mayoría de los casos están relacionados, o van de la mano con la conquista y sojuzgamiento de los pueblos. Podemos concluir diciendo entonces, que “para aculturar a un pueblo se necesita desarticular su cultura mediante la desisnstalación de su memoria”.
En nuestro continente la dominación es el rasgo fundamental del proceso de aculturación y en ese sentido se ha venido operando sobre las culturas originarias por mas de 500 años al punto de que a nivel de nuestro inconsciente colectivo, la historia de América comienza el 12 de octubre de 1942 y por tanto “nuestra historia”, se reduce al parecer, a la historia del desarrollo y la evolución de los conquistadores europeos, en estas tierras.
De esta manera opera la desisnstalación. América en realidad tiene 30.000 años de historia. Aquí florecieron culturas muy importantes, con un altísimo grado desarrollo (en algunos aspectos inclusive, por encima del de las culturas del viejo mundo) y que irradiaron a otros pueblos de este continente constituyendo verdaderos “horizontes culturales” y que desarrollaron un pensamiento totalmente original cuyos elementos principales aun pueden rastrearse en el inconsciente colectivo de bastos sectores de la población de este continente . El 12 de octubre de 1942, ese desarrollo autónomo fue interrumpido dando paso a un proceso de aculturación que sigue abierto hasta nuestros días y que tuvo como base la dominación, el sojuzgamiento y la liquidación de las culturas preexistentes.
A raíz del “Quinto Centenario” se trató de consolidar el concepto de que el 12 de octubre fue el encuentro “no traumático” de dos culturas y que “aquel hecho del pasado histórico” posibilitó que ingresáramos de la mano del occidente cristiano a la historia de la humanidad. Entre otras cosas cabría que nos preguntáramos: a donde nos ha llevado esta quincuagenaria cruzada civilizadora? Pero antes que nada vamos a analizar este presupuesto.
Primero: el carácter “no traumático” de la conquista queda totalmente refutado solamente con decir que en los primeros 50 años de la conquista “ya no quedaba indio vivo en la Española (Haití y Rep. Dominicana)” . Por otro lado, solamente en el Cerro Potosí murieron 8.000.000 de indios esclavizados en las minas de plata. La necesidad de introducir mano de obra esclava proveniente de Africa habla a las claras del etnocidio producido en la primera etapa de la conquista y que significó la desaparición física de millones y millones de americanos.
Segundo: la conquista de América no fue “un hecho del pasado histórico”. La conquista de América “es un proceso que sigue abierto hasta nuestros días, que ha ido cambiando su forma pero no su esencia”. En que nos basamos para afirmar esto? Nos basamos en el hecho de que desde la llegada de los europeos a estas tierras no se ha dejado de combatir ni un solo día hasta el presente, por la libertad de América. Primero fue la “Resistencia indígena”: Hatuey en el Caribe, Cuatemoc en México; Atahualpa, Tupac Amaru, los hermanos Katari en los Andes Centrales; Caupolicán y Lautaro en la araucanía; Callvulcurá, Pincén en la Patagonia, Jerónimo, Caballo loco en el oeste y el sur de los EEUU, entre muchos otros, lideraron la “dignidad de la raza”.
Luego fue “la independencia de los EEUU” y “la gesta emancipadora”, fin del poder monárquico en estas tierras. La insurrección de Tupac Amaru marca el inicio de la lucha emancipadora protagonizada, ya no solo por las masas indígenas, sino por el elemento criollo de la población e inclusive no pocos europeos liberales . Toussaint Loverture, Miranda, Hidalgo y Morelos, Tiradentes, Bolívar, O’Higgins, San Martín, Artigas y por último Martí, serán entre otros los heraldos de la libertad y los padres de la nacionalidad. Por último “el antiimperialismo” que va desde Martí a nuestros días, pasando por Sandino, el Che y los 30.000 desaparecidos. Por lo tanto tendríamos que caracterizar aquel 12 de octubre como un “encuentro de culturas”, que si lo fue, pero que llevó y lleva hoy como ayer el sello del sometimiento, el exterminio y el saqueo, porque como bien dijo el Che “esa es su naturaleza”.
Ahora bien, es imprescindible tener una visión de América como una totalidad, como una ilación de hechos históricos relacionados unos con otros y con un común denominador. Si el rasgo común del proceso de aculturación en América es la dominación, el principal rasgo de nuestra cultura es la resistencia. Nosotros somos parte de un pueblo con una heroica tradición de lucha que debe enorgullesernos, la “desinstalación de la memoria” actúa para impedirnos que saquemos de esa enorme experiencia de lucha, las enseñanzas acumuladas a través de dilatados procesos históricos y que sin duda constituyen, como veremos, las claves para vencer en los tiempos que nos tocan. En este sentido la memoria histórica es fundamental para la revalorización de nuestra propia cultura, para la recomposición de nuestra autoestima, para la subjetividad y la mística revolucionarias.
Tenemos que aprender a ver la historia no como la suma de montón de hechos anecdóticos, inconexos y del pasado lejano. La historia es también lo que paso ayer. Los piqueteros de Salta, los 30.000 desaparecidos y la batalla de San Lorenzo son historia, lo que se trata aquí es de encontrar el común denominador, el hilo conductor que nos permita construir nuestra propia “visión” de la historia como revolucionarios. Tenemos que profundizar nuestro estudio de la historia de este continente, buscar los paralelismos entre el pasado y el presente, las continuidades, las fracturas, las enseñanzas. Si no lo hacemos no vamos a entender la realidad y mucho menos estar en condiciones de dar una batalla en términos contraculturales. Volver
La síntesis cultural
Hasta aquí hemos hecho uso de expresiones como “lo americano”, “nuestra cultura”, etc. Ahora bien, existe una cultura americana?. Yo sinceramente creo que no. Por lo menos como algo medianamente acabado.
Voy a traer a cuento una discusión que mantengo siempre y que por ahí nos ayuda a introducirnos en el tema. Fíjense que hasta aquí, en ningún momento de estos apuntes se ha mencionado la palabra “Latinoamérica” y esto no es un hecho casual; aquí siempre hemos estado hablando de América. Claro si uno viaja a otra parte del mundo y dice que es americano, lo primero que van a pensar es que nacimos en los EEUU, lo mismo sucede dentro de nuestros países, si hablamos de la cultura americana pueden llegar a pensar que vamos ha hablar de Bob Dylan o los Rollings Stones. Los estadounidenses en realidad son eso, estadounidenses, como nosotros somos argentinos, bolivianos o paraguayos. El hecho de que se arroguen la paternidad del vocablo que identifica a los habitantes de todo este continente (desde Alaska al Cabo de Hornos) habla a las claras, en términos culturales, del poder real que ejercen sobre este nosotros. Americanos son ellos, latinoamericanos somos nosotros los habitantes del “patio trasero” de su casa. Es cierto que el término latinoamericano tiene una connotación política, ya que excluye a los EEUU y que inclusive es superador de otros empleados anteriormente, por ejemplo los libertadores hablaban de “la América antes española”, Mariátegui hablaba de hispanoamérica y de indoamérica, Martí (quizás el más feliz de todos) hablaba de “nuestra América”.
Esta diferenciación política tuvo su razón de ser frente al “panamericanismo de los yanquis” cuya versión posmoderna sería la “Iniciativa para las Américas” y no estoy negando en absoluto este punto. Lo que sí me parece y vuelvo al principio de este asunto, es que todas estas definiciones son insuficientes o parciales y hablan a las claras de que no existe una sola América en términos culturales.
Por ejemplo si habláramos de hispanoamérica no solo dejaríamos afuera a los EEUU, sino a mas de medio Caribe, al Brasil, a Surimán, Bélice, Guyana y a todas las “naciones indias” del continente. Si hablamos de Latinoamérica dejamos afuera muchos pueblos caribeños y si hablamos de América Latina y el Caribe (como se estila ahora) donde quedan, pregunto yo, los pueblos “originarios”, los negros estadounidenses, los chicanos, los newyorriqueños y todos los latinos residentes en los EEUU que no solo han revolucionado la cultura yanquee, sino que han empezado a luchar, como todo el mundo vio, en la reunión cumbre del FMI por citar solo un caso.
Creo que debemos entonces hablar de América, de Nuestra América, que no es nuestra por que sea latina, india, sajona o africana, sino que es nuestra porque lucha contra la opresión y por su irrestricta independencia ; ayer eran los monárquicos, hoy los imperialismos, fundamentalmente el yanquee, pero eso nada tiene que ver con la cultura de los pueblos al norte del Río Bravo. Cualquier otro término sería una visión etnocéntrica de nuestra realidad, América es la única palabra que nos contiene a todos y no es bueno que se la regalemos al enemigo, de la misma manera que tampoco es bueno que le regalemos “patria” a los fascistas.
Ahora bien aquí no se termina el problema, lo que acabamos de desarrollar es una discusión política en torno de la significación de la terminología que usamos para autodefinirnos. Pero la pregunta sigue en pie: podemos hablar de una cultura americana?.
Mas allá de estas cuestiones, en términos estrictamente culturales, América solo puede ser pensada y comprendida a través de “los diferentes planos de lo americano”. Si lo hacemos como una totalidad (lo cual es válido) debemos hacerlo como una totalidad fragmentada, o sea en constante confrontación intestina. En este problema reside la mayor dificultad y la mayor riqueza de nuestra cultura.
“Tengamos en cuenta que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del norte, que más bien es un compuesto de Africa y de América que una emancipación de Europa; pues que hasta la España misma deja de ser europea por su sangre africana, por sus instituciones y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a que familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado; el europeo se ha mezclado con el americano y con el africano, y este se ha mezclado con el indio y con el europeo. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis; esta desemejanza trae un reato de la mayor trascendencia” Simón Bolívar, mensaje al Congreso de Angostura (1819).
Tenemos tres vertientes fundamentales, tres grandes cauces por donde transcurre lo americano. Uno, la cultura de los pueblos originarios. Dos, la cultura castiza (europea). Tres, la cultura negra. De estas tres vertientes, finalizado ya el siglo XX, encontramos expresiones en estado puro. El caso mas extremo de esta pervivencia del estado “puro” de estas vertientes, lo constituyó el descubrimiento reciente en la selva amazónica de una familia aborigen de una cultura totalmente desconocida para nosotros, ningún integrante de esta cultura, en ningún tiempo, había tenido contacto con personas de otro horizonte cultural. Fíjense hasta que punto existen los diferentes planos de lo americano que para este pueblo “el descubrimiento de América” no tuvo lugar en 1492 sino en 1999.
El caso de Chiapas es también muy elocuente. La imagen de los comandantes zapatistas vestidos con atuendos tradicionales mayas en la Internet y la CNN, que tenían que ser traducidos porque 500 años no han sido suficientes para que adopten el idioma de los conquistadores, es un claro caso, no solo de resistencia cultural, sino de vigencia de su propia cultura. Si ellos consideraran que la cultura occidental y cristiana era superadora de su propia cultura, hubieran adoptado sus valores, los pueblos originarios e inclusive muchos mestizos, siguen organizándose en torno a valores muy anteriores a la llegada de los europeos a estas playas y esto es un dato concreto de la realidad. Esto lejos de ser un sentimiento de nostalgia ante un pasado idealizado, es un tema de total actualidad en nuestro continente ya que las comunidades indígenas son uno de los sectores mas radicalizados, más combativos de nuestro pueblo, ya que han sufrido una doble discriminación (racial y económica) y es a ellos a quien la globalización amenaza mas seriamente. Porque dicho sea de paso, la globalización neoliberal, requiere necesariamente la supresión de las particularidades.
La raza negra al ser introducida al continente ya desarticulada como cultura por su condición de esclava y su composición tribal heterogénea, fue asimilada con mayor facilidad. Con la recuperación de la libertad se volvieron a reagrupar nacionalmente y a reconstruir de manera dificultosa su acervo cultural. No obstante hubo casos interesantes como la de los pueblos que se formaban al interior de las selvas, con los negros cimarrones, o sea los que escapaban de las plantaciones. Este fue el caso del Quilombo de Palmares en Brasil que resistió por muchísimos años las embestidas de los bandeirantes . Otro caso singular, es el de los negros de Surimán que al fugarse hace cientos de años a la selva lograron reconstruir de tal forma su cultura original, que en la actualidad sería muy difícil diferenciarlos de los pueblos más primitivos del Africa.
Por último la pureza de la raza blanca no es muy difícil de explicar debido a la gran cantidad de sujetos que se fueron introduciendo al continente, podríamos decir, casi de forma ininterrumpida. La última gran oleada migratoria que se introdujo en el país se produjo alrededor de la década del 40′ y provino de Eurasia. Hoy el proceso en Argentina es inverso; se está produciendo la americanización de nuestra sociedad, ya que los jóvenes argentinos emigran a EEUU y Europa e ingresan en contrapartida, cada vez mas, hermanos de los países limítrofes donde son más presentes las influencias del mestizaje.
Entonces bien, tenemos hoy en la actualidad, estas tres vertientes en estado puro, que constituyen cada una por separado, un plano de lo americano. No es lo mismo la visión que puede tener de América un indio, que la que puede tener un negro, que la que puede tener un inmigrante europeo, que la que puede tener un mestizo. Cada una de estas vertientes experimentó un proceso de aculturación propio, interno o de homologación cultural (como señalamos anteriormente) y otro externo, fruto de la interacción de estos diferentes planos de lo americano. El resultado de esta interacción es el mestizaje. Pero el mestizaje tampoco puede ser considerado como algo absoluto, homogéneo, por que no necesariamente cada una de estas vertientes, paso en su totalidad por las mismas fases, decíamos recién que hay expresiones puras de estas vertientes, diremos ahora que las hay también expresiones con distinto grado de mestizaje. Indios con blancos, indios con negros, negros con blancos, mestizos con indios, mestizos con mestizos y así casi indefinidamente, lo que demuestra la tremenda riqueza y variedad del mestizaje y esto por supuesto también se ve reflejado en lo que podríamos llamar un verdadero sincretismo cultural.
De manera objetiva el continente americano es, sin duda una de los más ricos del mundo culturalmente. Se podría decir que aquí han confluido todas las culturas de la humanidad. Los iberos que llegaron a nuestro continente eran el producto de mas de 700 años de aculturación árabe y judía (o sea un proceso de aculturación mucho mas largo que el que ha sufrido nuestro continente) lo cual no es un dato menor, pero también llegaron sajones, eslavos, germanos, normandos, árabes, chinos, japoneses y demás pueblos asiáticos. La vertiente blanca al ejercer el poder de la dominación, el poder efectivo, material, ha ejercido también el poder “espiritual” de nuestras sociedades. Los “estados nacionales” como expresión de las clases poseedoras y de la cultura occidental y cristiana han “oficializado” esta visión eurocéntrica de nuestro continente y la han trasladado a toda su institucionalidad. Esto no quiere decir de ningún modo que en América no existan otras “visiones”, otros “planos” de lo americano. América es un continente pluricultural, pluriétnico. Es una unidad en la diversidad y esto como apuntamos mas arriba constituye una gran dificultad, pero a su vez, una gran riqueza. El problema de América no es su diversidad, sino su fragmentación. El problema es haber pretendido construir nuestra nacionalidad, sobre la base de la aniquilación de las culturas preexistentes y no de haberlas asimilado. La sobrevivencia de esas otras culturas no es una concesión, un acto de voluntad de los estados nacionales, sino una realidad de lucha, los movimientos indígenas, los movimientos de “negritud”, el ideario integrador de los libertadores, han posibilitado de alguna forma esta pervivencia. Nosotros, ya no solo como revolucionarios, sino como americanos, tenemos que luchar por “sintetizar” toda esa riqueza, toda esa diversidad cultural que nos pertenece.
Tenemos que “desaprender” todo lo que hemos aprendido y provocar un proceso de homologación o de aculturación no traumática que nos permita asimilar los mejores valores, las mejores tradiciones. Martí lo dijo con una lucidez tremenda: “…injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser de nuestras repúblicas. Y calle el pedante vencido; que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas patrias americanas”. La síntesis es la única manera de superar la fragmentación. Es la única forma de romper los límites de los diferentes planos de lo americano.
Vamos así delineando los elementos fundamentales de una política contracultural. La memoria histórica y la necesaria síntesis de todas las diferentes aportaciones culturales que nos son propias, son pasos fundamentales e insoslayables para consolidar nuestra identidad como pueblo. Este primer elemento tiene que ver con los contenidos de esa política. El segundo elemento que vamos a desarrollar ahora tiene una especial importancia ya que es el vehículo y el catalizador de esa política. Volver
El intelectual orgánico y el Partido
Ahora bien, la batalla cultural es una batalla por la conciencia y el corazón de los hombres. Una batalla de ideas y también de sueños.
Los intelectuales juegan obviamente, un rol fundamental en esta batalla, pero antes de entrar de lleno en este tema, es imprescindible que precisemos claramente que es un intelectual para nosotros. Y creo personalmente, que se hace necesaria esta precisión ya que no solo ha sido el sistema, sino también la vulgarización de la teoría revolucionaria ha sembrado mucha confusión sobre este tema.
Primero: la condición de intelectual no define la conciencia de clase de nadie. De la misma manera que ser obrero no es sinónimo de ser revolucionario. Gramsci decía “que lo que diferencia a unos intelectuales de otros (o sea a los tradicionales de los revolucionarios), es como se ubican con relación a los medios de producción”, de lo cual podemos deducir en primera instancia, que no hay intelectuales “neutrales”; todos los intelectuales son “orgánicos”, sea del capitalismo, sea del socialismo.
Segundo: se puede dar una definición amplia y una restringida de que es un intelectual. Nosotros vamos a usar las dos. Gramsci decía que todos los integrantes de un partido revolucionario eran intelectuales. Todos los artistas son intelectuales. Todos los educadores son intelectuales. El comerciante es un intelectual, el empresario, el funcionario, el técnico, todo el que use el pensamiento como herramienta, es un intelectual. Cuando un artesano o un obrero está planificando un trabajo, está realizando un trabajo intelectual. Esta es la concepción amplia a la que nosotros adherimos. También existen intelectuales que por trabajar en el plano puramente de las ideas adquieren una cierta “profesionalidad” y así debemos reconocerlo, lo cual no quiere decir que compartamos el concepto burgués de la cultura de pensar al intelectual y al artista, como parte de una “elite de iluminados”.
No puede haber para nosotros, duda alguna sobre la importancia de la teoría. El trabajo intelectual para un revolucionario, lejos de ser un lujo (como sucede generalmente dentro de la burguesía), es una obligación de cara a la lucha de clases.
Lenin decía “se puede ser un intelectual y no ser comunista, pero no se puede ser comunista y no ser intelectual” y esto no es un juego de palabras, la práctica política sin una teoría, por mejor intencionada que sea, es voluntarismo puro; de igual modo el teorisismo sin práctica es un mero exhibicionismo. Paulo Freire (entre otros) escribió mucho sobre el vínculo indisoluble que tiene que existir entre la teoría y la práctica y como una modifica a la otra permanentemente.
Ligado al tema de los intelectuales, está el de lo colectivo y lo individual. Aquí también se ha sembrado bastante confusión. Dice Engels: “El pensamiento humano solo existe como el pensamiento individual de millones y millones de personas”, o sea que todo pensamiento nace de forma individual, hasta el más revolucionario. Y esto tiene que ver con la capacidad creativa de las personas y con el hecho de que cada ser humano es un ser singular e irrepetible y en esto mismo reside la grandiosidad de los “colectivos”.
Como bien dejaba entrever el Che en “El hombre y el socialismo en Cuba”, el socialismo no tiene nada que ver con “masificar”, con “igualar para abajo”, con “… reducir a los hombres a elementos de la misma categoría” sino con estimular al máximo el desarrollo de cada individuo para que este pueda aportar más y mejor con su trabajo y su inteligencia al conjunto de la sociedad. Por eso debemos distinguir claramente entre lo que es el “individualismo” y entre lo que es lo “individual”. El pensamiento (y cuando decimos pensamiento nos referimos a su carácter creador) es un acto individual, el individualismo es cuando ese pensamiento está al servicio de sí mismo. Este no es un tema menor para un partido revolucionario, sobre todo a la luz de la historia del movimiento revolucionario mundial.
La “domesticación” de lo individual, de lo crítico, en pos de un “supuesto” colectivo (que muchas veces no es otra cosa que la voluntad de uno, de dos o de unos pocos) es stalinismo puro y por ser stalinismo es anti marxismo ya que el marxismo es un pensamiento crítico en escencia.
Nuestro “intelectual colectivo” (el partido), está conformado por el pensamiento crítico de todos sus componentes (intelectuales orgánicos), la “unidad ideológica” se expresa a través de sus resoluciones (o sea a través de la discusión y el concenso) y de ninguna manera, a través del “pensamiento único”.
El colectivo es un ámbito para la interacción de las individualidades, para la estimulación y el enriquecimiento mutuo, para la elaboración conjunta; de ninguna manera el colectivo puede convertirse en una manta bajo la cual se oculte la mediocridad, la indecisión, la falta de compromiso y de responsabilidad personal y mucho menos el autoritarismo. Si nosotros decimos que contracultura son aquellos gérmenes latentes dentro de la cultura del sistema, que son portadores de los valores que la han de sustituir, tenemos que saber que el partido revolucionario tiene que ser uno de esos embriones de lo nuevo, por eso la batalla cultural por la construcción de la nueva sociedad, también se desarrolla en el seno del Partido cada vez que nosotros luchamos por autosuperarnos, por librarnos de “las lacras del capitalismo”, cuando tratamos de desaprender lo que el sistema nos enseñó para lograr la coherencia que debe de haber, entre nuestros ideales y nuestras prácticas.
Estamos hablando ya, de “nuestros intelectuales”, los revolucionarios, los intelectuales orgánicos del socialismo y es más estamos hablando de los intelectuales orgánicos del socialismo en América y en cada uno de nuestros países en particular . Y que queremos decir con esto?.
Una vez se me invitó a participar en una charla sobre “la reconstrucción (o algo similar) del ideario comunista en Argentina”, y yo dije que para ser un comunista argentino lo primero que había que ser era argentino. Y esto no es una perogrullada y mucho menos una cuestión chauvinista. Esto tiene que ver con la “formación” de nuestros intelectuales. No tiene nada que ver, aunque todos seamos marxistas, (no es lo mismo), ser comunista en Japón, que ser comunista en Nueva York, que ser comunista en Burquina Faso, que ser comunista en Argentina.
Creo que a lo largo de estos apuntes hemos podido ver que no es solo la lucha de clases, que no es solo la propiedad de los medios de producción, hemos visto que además de todo esto hay una batalla en términos netamente culturales. Nosotros los marxistas, hijos dilectos de la Modernidad, que creemos en el hombre como motor de la historia y de la humanidad, que creemos que la ciencia y la técnica pueden y deben estar al servicio del hombre y no ser su verdugo, que creemos en la emancipación total del hombre a través del conocimiento, de la razón y el trabajo creador, que creemos en los ideales mas puros…, en que plano de lo americano nos insertamos? Creo que esta es la pregunta del millón de dólares. Cuál ha sido nuestra formación intelectual?. Somos o hemos sido eurocéntricos? No hablemos del enemigo. ¿Cómo hemos visto nosotros a este continente?
Ya al principio hemos hablado sucintamente de los itinerarios del pensamiento humano. Hemos dicho que si bien el materialismo ha existido desde hace miles de años sobre la tierra, “el hecho de que basara sus explicaciones en la ciencia, fue durante mucho tiempo un limitante para esta corriente filosófica ya que la ciencia misma era todavía muy rudimentaria como para dar una explicación convincente al problema fundamental de la filosofía”.
Podemos decir entonces que ha habido una cierta relación entre las teorías científicas en boga durante algunos períodos de la historia y la forma de interpretar el marxismo. Diremos mas precisamente que se trasladaron de forma mecánica elaboraciones de la física, de las ciencias naturales, etc., al campo de las ciencias sociales . Esto degeneró en positivismo, mecanisimo, economicismo, evolucionismo o reformismo, eurocentrismo y hasta xenofobia. De nada de esto estuvo librada la teoría revolucionaria, ni el marxismo en particular.
No de manera categórica, incluso con importantísismas excepciones que confirmaron la regla, el marxismo se insertó en el plano de lo americano ocupado por la cultura europea y por tanto su visión de lo americano, por eurocéntrica, no pudo muchas veces comprender los fenómenos socioculturales de este continente. Esto no es lo grave, es más, es hasta cierto punto lógico. Lo realmente grave es que por un dilatado periodo de tiempo, (e incluso hoy día, en el caso de algunas de sus variantes), el marxismo no haya podido transgredir los límites de esa vertiente de nuestra cultura.
Este fenómeno se vio agravado en los países de nuestro continente donde el proceso de aculturación fue más radical y profundo, como es el caso de Argentina y los EEUU. Se podría decir que el grado de “americanización” de la teoría revolucionaria, está también relacionado con el grado de resistencia cultural de cada uno de nuestros piases.
Los itinerarios del pensamiento argentino
Las distintas visiones de la historia han dado origen a distintos “itinerarios” del pensamiento, distintas identificaciones, distintos nexos y puntos de contacto entre los intelectuales de ayer y los de hoy y por sobre todas las cosas estas referencialidades han tenido un carácter formador sobre gran parte de nuestra intelectualidad.
Hay dos itinerarios fundamentales que recorre el pensamiento argentino y de los cuales se desprenden diversas ramificaciones. Uno es: Revolución de Mayo (focalizada en la figura de Cornelio Saaverdra)/ San Martín / Rosas / Perón y otro es: Revolución de Mayo (Saavedra o Moreno, según la tendencia)/San Martín/Mitre/Sarmiento.
Con la primera de las corrientes se han identificado los populistas, los nacionalistas de derecha, los conservadores y fascistas. Con la segunda, los demócratas burgueses, los conservadores, los fascistas y (aquí está el punto) los marxistas de nuestro país.
Es decir que la mayoría de los marxistas argentinos, han compartido hasta hace poco y algunos lo siguen haciendo hoy, la visión liberal de la historia.
Si tomamos una de las principales culturas de izquierda de nuestro país: el Partido Comunista, podemos trazar de atrás hacia delante sin dificultad esta línea, que parte de uno de sus más destacados intelectuales: Agosti / Ponce / Ingenieros / Justo / Sarmiento / Mitre / San Martín / Rivadavia / Revolución de Mayo.
Esta visión fue superada formalmente en el Partido Comunista, en el XVI Congreso, congreso que marca el inicio del viraje del PCA. Esta visión, que fue la visión oficial del PCA por más de 60 años (basta leer el Manual de Historia Argentina de José Real editado por la Comisión de Asuntos Históricos del PCA) encontró en algunos de sus propios intelectuales, la mas enconada resistencia.
Esta no fue una discusión historicista de revisionistas contra ortodoxos, sino una discusión al calor de la lucha de clases que se resolvió como se resolvían las cosas en los partidos verticalistas, es decir mediante el disciplinamiento, la expulsión o el aislamiento de los disidentes.
Esta discusión no solo se dio en el Partido Comunista, sino que se dio en distintos momentos intensidad y forma en todas las culturas revolucionarias y populares de la Argentina. Como fruto de esta polémica empezará a desarrollarse una tercera línea de interpretación histórica: Revolución de Mayo / Moreno / Artigas / San Martín / F. Varela / Che.
La visión liberal de la historia
La Argentina es sin lugar a dudas uno de los casos de aculturación más singulares de este continente. La ausencia de oro o plata (que era lo único que buscaban los primeros expedicionarios europeos), produjo un determinado proceso de aculturación, solo comparable en muchos aspectos, al de EEUU. Durante mucho tiempo nuestro actual territorio no despertó prácticamente, ningún interés para la Corona española.
No fue sino hasta la creación del Virreynato del Río de la Plata, que la ciudad de Sta. María de los Buenos Ayres comenzó a experimentar un desarrollo sostenido. La condición de ciudad puerto explica gran parte de nuestra historia. Bs. As. era un minúsculo “estado”, con un poder inmenso. Aquí se amasaron fortunas extraordinarias a costa del comercio monopólico y el contrabando. La condición de paso obligado de exportaciones e importaciones hizo que esta ciudad estado viviera hasta finales del siglo XIX de los impuestos aduaneros, prácticamente sin producir cosa alguna, la ganadería misma, hasta la llamada “conquista del desierto”, no pasó de la mera apropiación del ganado realengo que se encontraba por millares disperso en la inmensidad de la pampa y la industria del cuero y el tasajo, fue mas producto de las necesidades inglesas y lusitanas y de los esclavistas españoles radicados en Cuba, que de la voluntad progresista de la oligarquía porteña. Es sumamente importante tener en cuenta estos datos para comprender el proceso de aculturación en Argentina.
Tenemos por un lado una ciudad puerto que no solo se desarrolla mirando al mar, sino lo que es peor de espaldas al resto del continente . Aquí se desarrolló una sociedad cosmopolita, rica y sofisticada, que vivía a costa de las provincias interiores explotando al máximo su condición de “cuello de botella”. En contrapartida el país interior era productor de materias primas y manufacturas, contaba con un mayor horizonte cultural ya que fue allí, mas exactamente en la zona “del Tucumán”, donde se asentaron las familias de mayor abolengo de la nobleza española y obviamente allí donde asentaron sus feudos, también se asentaron las mejores iglesias, cabildos, conventos y casas de estudio. Aquí también, en este país interior, es donde se encontraba mayor presencia del componente social indígena y mestizo, portadores de un acervo cultural irradiado por las grandes culturas precolombinas de los Andes Centrales. Estos son los dos países que van a confrontar desde la misma llegada de los españoles hasta finales del siglo XIX.
La batalla de Pavón (setiembre 1861) marca la consolidación de la hegemonía de la oligarquía porteña a lo largo y a lo ancho del país. A partir de este momento los viejos liberales (ahora, autodenominados “nacionales”) se dedicarán a arquitectar el país sobre la base de la total erradicación de la “barbarie” (léase identidad americana), a favor de la llamada “civilización” (léase modelo centro europeo de civilización).
Los protagonistas de tan “magna cruzada”, serán los que la historia reconocerá mas tarde como “la generación del 80′” y que ejercieron una influencia tremenda sobre toda la intelectualidad argentina hasta nuestros días y de la cual tampoco escaparon los marxistas de este país.
Cómo era la mirada de estos hombres? Cuál era su proyecto de nación? “…la burguesía es hija de la colonia y viceversa…” decía Simón Bolívar y la burguesía rioplatense pos revolucionaria, asumió en gran medida aquel modelo de desarrollo de la anterior sociedad, las relaciones socioeconómicas de privilegio de los colonialistas rioplatenses supieron sobrevivir la revolución y perpetuarse a lo largo de nuestra historia; la historia de esa supervivencia es también la historia del liberalismo en Argentina.
Cuál era ese modelo? Era un modelo eurocéntrico, donde la idea de progreso tenía que ver con convertir a BsAs en una ciudad con todos los adelantos de las ciudades europeas (ferrocarriles, teatros, iluminación a gas etc.); una idea de progreso que trataba de trasladar mecánicamente y no solo mecánica sino hasta a veces grotescamente a nuestras tierras, los valores de la cultura francesa, la democracia norteamericana, y el capitalismo inglés, obviamente para ello había que exculparse, que renegar de nuestra herencia.
Desde el comienzo mismo del proceso emancipador, esto generó muchísimas polémicas ya no solo en la sociedad en general, sino dentro del mismo bando patriota. Se podían trasladar mecánicamente las ideas de la “ilustración” a nuestro continente, sin tener en cuenta eso mismo que vienen tratando estos apuntes, es decir los aspectos culturales, las particularidades, por mejor decirlo de nuestra cultura?.
Bolívar (por dar un ejemplo) al referirse al sistema de gobierno más conveniente para ser adoptado por los pueblos recién liberados, dice en franca discusión con los sectores revolucionarios “supuestamente” mas avanzados: “Sería más fácil para la América adoptar el Corán, que el sistema federal de gobierno” y Bolívar sabía que el sistema federal era el más avanzado, pero también tenía una percepción de lo americano que otros revolucionarios no tenían.
Bolívar tuvo que refundar varias veces el estado nacional para descubrir “en la práctica” cual era el marco de alianzas, con que sectores de la población, la revolución iba llegar hasta las últimas consecuencias.
Bolívar tan hijo de la ilustración como cualquiera se situó de este lado, o sea hizo la revolución (las transformaciones profundas, políticas, económicas y también culturales) desde lo americano, con el pueblo como sujeto y no como objeto de esas transformaciones profundas; más allá de si logró materializarlo o no, esa era su posición intelectual que se desprende de todos sus escritos.
Bolívar (podríamos resumirlo así) tenía absoluta confianza en las capacidades de nuestro pueblo. En las antípodas de este pensamiento (que no era patrimonio exclusivo de Bolívar) se encontraban los que habían hecho suya la mirada soberbia del conquistador.
Dice Sarmiento refiriéndose a las tres vertientes constitutivas de lo americano: “…la fusión de estas tres familias ha resultado un todo homogéneo, que se distingue por su amor a la ociosidad e incapacidad industrial, cuando la educación y las exigencias de una posición social no vienen a ponerle espuela y sacarla de su paso habitual. Mucho debe haber contribuido a producir este resultado desgraciado la incorporación de indígenas que hizo la colonización. Las razas americanas viven en la ociosidad, y se muestran incapaces, aun por medio la compulsión, para dedicarse a un trabajo duro y seguido. Esto sugirió la idea de introducir negros en América, que tan fatales resultados ha producido. Pero no se ha mostrado mejor dotada de acción la raza española, cuando se ha visto en los desiertos americanos abandonada a sus propios instinto”.
Como se verá, se puede escribir todo un libro sobre el presente párrafo, solo quiero hacer dos observaciones: 1) la referente a la incapacidad”…, aun por medio la compulsión, para dedicarse a un trabajo duro y seguido”. Quizás Sarmiento haya pensado que Tiwanaku, Majchu Pijchu, Palenque, etc., lo hayan construido los sajones o los germanos, 2) nótese que no solo es el indio, el gaucho, el negro (cuyo ingreso a nuestro continente “… tan fatales resultados ha producido.”), sino que también el español es el que no sirve.
Sarmiento no solo lamenta que este continente estuviese habitado, sino también lamenta que hayan sido los españoles y no los ingleses o franceses quienes lo hayan descubierto y colonizado. Cuando estos intelectuales logren imponer su hegemonía y se hagan con el poder, como veremos a continuación, esta visión cipaya de la historia se convertirá en “historia oficial” y todo lo que la contradiga será desvirtuado y convertido en anatema.
Habíamos apuntado mas arriba que el hecho de que en esta parte del continente no se encontraran grandes riquezas produjo un particular modelo de aculturación. La ausencia de grandes emprendimientos mineros y de explotaciones agrícolas intensivas determinó que se adoptara desde el principio mismo de la colonización del Río de la Plata, una política hostil hacia el indio que culminó con su casi total aniquilamiento después de las grandes campañas militares de finales del siglo XIX, ya que el indio no tenía ningún valor económico en estas tierras, puesto que no era necesario en grandes cantidades como mano de obra, unos pocos gauchos eran suficiente para manejar grandes cantidades de ganado que eran junto con el comercio y el contrabando la principal fuente de riqueza del Río de la Plata.
Esto explica también la poco significativa presencia de esclavos negros, que no estuviesen afectados al servicio doméstico, al trabajo artesanal o simplemente, en transito hacia otras regiones del continente.
Este es un primer dato, a diferencia de lo que sucedió en la mayoría de los países hermanos, el indio no es el símbolo de nuestra nacionalidad, sino que nuestro símbolo es el gaucho como el vaquero en un proceso análogo, lo es en EEUU.
Basta leer “El gaucho Martín Fierro”, (la obra emblemática de nuestra literatura) que es una genial denuncia de los atropellos y arbitrariedades de que es hecho objeto el gaucho a manos de los liberales porteños, pero que sin embargo no puede superar en el caso del indio el enfoque no solo liberal, si no el colonial mismo:” El indio es indio y no quiere/ apiar de su condición/ ha nacido indio ladrón / y como indio ladrón muere”.
Este tipo de análisis explica en gran parte nuestra incomprensión, cuando no nuestro desprecio hacia lo americano. Otra de las obras emblemáticas de nuestra literatura, “Civilización y barbarie” de Sarmiento (ya citada en este trabajo y sin desperdicio a los fines de estos apuntes), nos muestra el profundo desprecio de esta generación, a lo americano. Aquí comienza el proceso de demonización del país interior. Ni la educación y el progreso fue monopolio de los unitarios, ni la degolladera patrimonio exclusivo de los federales. El mismo Sarmiento que exaltara y maldijera hasta las lágrimas el carácter sanguinario de Facundo y por extensión de todos los caudillos federales, en carta a Mitre, le dice después de la matanza de Cañada de Gómez “no trate de economizar sangre de gauchos. Es lo único que tienen de humano…”o en otra posterior al mismo Mitre, ahora ya jactándose de lo que hizo con “el chacho” Vicente Peñaloza, “…He aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel pícaro inveterado y ponerla en expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses”.Como apuntamos anteriormente aquí no existió una guerra entre unitarios y federales en los términos que plantean los liberales, sino una guerra entre la Aduana de Bs.As. y los hacendados, contra el incipiente desarrollo autónomo del interior, guerra impulsada por los británicos y el Brasil a favor de la colocación de sus manufacturas.
Prueba de ello es que tanto Quiroga como Rosas (líderes federales) eran unitarios confesos. Lo que sí es cierto y reconoce Sarmiento en su libro, es que su bando se alió a las potencias extranjeras para derrotar a los federales , esta actitud mereció el siguiente juicio del “libertador” José de San Martín: “Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufriéramos en tiempos de la dominación española, una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”.
Durante todo este período histórico se desarrolló aquí, una profunda batalla en términos culturales, los “nacionales”, cabeza de playa del eurocentrismo, contra los elementos populares que ese “nacionalismo apátrida” pretendía desarticular.
La Guerra de la Triple Alianza respondió a los dictados de los intereses británicos en América, a la implementación del libre comercio, en los mismos términos en que hoy se universaliza el libre mercado con carácter de ley irrefutable de la naturaleza. Este es uno de los hitos fundacionales del imperialismo en estas tierras y una de las expresiones más claras del servilismo de muchos de nuestros intelectuales.
Paraguay representaba un modelo exitoso de desarrollo independiente, con un alto desarrollo de las industrias fundamentales en esa época como son la siderurgia, los astilleros, las industrias de armamentos y demás manufacturas. Con un desarrollo agrario sobre la base de la propiedad estatal de la tierra y con un ejército (el más grande y mejor equipado de América) de una alta profesionalidad, entre otras cosas.
Los liberales porteños a la par que se constituían en instrumento del imperialismo, aprovecharon el conflicto con el Paraguay, para terminar con todo vestigio del caudillismo provincial. Se efectuaron levas forzosas en todo el territorio ya que los gauchos no querían ir a la guerra por la sencilla razón de que el Paraguay era un pueblo hermano y el Brasil (nuestro aliado) un enemigo histórico.
Esto exacerbó los ánimos en el interior ya que era la continuación cada vez más profundizada de la revancha de Bs.As. sobre el interior. Se produjo así entre otros levantamientos, el de Felipe Varela, también llamado “la última montonera”, en solidaridad con la causa defendida por Solano López y contra la sanguinaria revancha de los liberales porteños y su entrega del país a manos del capital extranjero.
Es muy esclarecedor leer las proclamas de Varela ya que salta a simple vista el contenido antiimperialista, por cierto, y popular de aquellos documentos firmados “Viva la Unión Americana”. Varela es otra víctima de la ambigüedad de Urquiza que mantenía una imagen de opositor al liberalismo porteño, cuando en realidad ya había pactado con Mitre y las potencias.
Junto con Varela, cuando se exilia en Bolivia después de tantos desiguales y gloriosos combates, marcha el fantasma del gaucho ya extinto para siempre como símbolo de rebeldía y dignidad de la raza. La guerra del Paraguay no solo fue la clausura del gaucho como icono de la nacionalidad, sino también una buena oportunidad para deshacerse del negro. Pero si el soldado de la patria tuvo un color, ese color es si ninguna duda el negro, y justo fuese que esto se le reconociera algún día oficialmente . Pocos saben el importante componente negro de nuestros ejércitos. También poco se sabe que el núcleo primario del Regimiento de Granaderos a Caballo, estaba integrado por indios guaraníes. Porque justo sería decir que los señoritos de Bs.As. sabían declarar la guerra, pero después eran los indios, los gauchos “bárbaros” y los negros los que la peleaban, de paso mientras se hacía la Patria, íbamos cambiando la sangre que tanto detestaban.
La Guerra del Paraguay se consumió los últimos negros de la nación junto con la epidemia de fiebre amarilla que a principios del siglo XX castigó los barrios porteños de San Telmo y San Cristóbal.
Mitre como era tradición les dio un lugar de privilegio en el ejercito, o sea las primeras filas. Dicho sea de paso muchos terminaron dada la proximidad geográfica del “teatro de operaciones” de esclavos en Brasil, junto a los prisioneros paraguayos, uruguayos y argentinos (blancos o negros, que cuando de esclavos se trataba no eran racistas) que pelearon a las órdenes del Mariscal Solano López.
Lo único que quedaba a esta altura para borrar todo rastro de americanidad y de paso fundar unos cuantos feudos más era la asimilación al estado nacional de los desiertos. La “conquista del desierto”, verdadero etnocidio, fue una necesidad del capitalismo incipiente, que en determinado momento de su desarrollo la sola presencia de estos pueblos resultó inaceptable . Esos desiertos tuvieron que ser ocupados paradójicamente, por un ejército como nunca antes había tenido este país, ya que esos “desiertos” estaban ocupados por millares y millares de personas: tobas, matacos, pilagaes, chorotes, guaycurues, guaraníes, onas, mapuches, tehuelches, y querandíes y muchas naciones más, hoy prácticamente desaparecidas . De esa forma fuimos librados del pecado original de ser hijos de esta tierra.
Este ha sido en definitiva el rasgo fundamental del liberalismo argentino, su carácter foráneo. Primero fue el indio, luego el negro, después el gaucho a manos del colono italiano y judío y del colono pobre a manos del terrateniente criollo, inglés o alemán. La generación del 80′ depuró todo el cobre que había en nuestra sangre. Para entender la dimensión real de la aculturación en la Argentina, diremos que desde 1857 a 1960, el saldo migratorio fue de 4.050.000 extranjeros, lo que llegó a representar el 70% de la población de Bs.As. , lo cual produjo un terrible impacto en términos culturales en nuestra sociedad.
No estamos negando aquí el importante aporte de la inmigración, sino tratando de mostrar el desprecio de cierta intelectualidad a todo lo americano, desprecio que tiene su continuidad histórica que nace con la soberbia del conquistador, soberbia fruto de la combinación del fundamentalismo religioso, con la sed insaciable de riquezas; desprecio que se abre paso a través de la Revolución de Mayo y encuentra alimento en la ambición y el privilegio de la oligarquía terrateniente y mercantil porteña que llevó al país a la guerra civil en 1820, guerra fraudulenta, no de “Civilización contra Barbarie”, no del progresismo porteño contra el feudalismo del interior, sino entre dos modelos de desarrollo capitalista y también entre el eurocentrismo más servil y la raíz de lo americano.
Esa generación de “prohombres”, los Rivadavia, los Mitre, los Urquiza, los Sarmiento, los Roca, padecían como muchos otros que los sucedieron, de “colonialismo mental crónico”, hicieron suyos los valores del conquistador y ni bien se libraron de él, corrieron presurosos a buscar nuevo amo a París, Londres o los EEUU. No dudaron ni un segundo en medio de sus pequeños afanes de darle la espalda a los libertadores a quienes dicho sea de paso desvirtuaron, cuando no, denostaron. No dudaron en exterminar a naciones enteras de indios, deshacerse de los negros en la vergonzosa Guerra del Paraguay, ni del gaucho y el colono pobre cuando ya no lo necesitaron. Ese ha sido el rasgo fundamental de nuestra intelectualidad, de nuestros “héroes nacionales”, servilismo hacia el extranjero, ferocidad para el hermano, otros sin duda siguieron el consejo de Martí e insertaron lo mejor de lo universal al tronco de lo americano , pero indudablemente fueron los menos.
A pesar de que se han escrito muchos trabajos sobre el tema que acabamos de tocar, es mi opinión personal, que nos queda aun pendiente la construcción de una nueva visión de la historia de nuestro país y en consecuencia (tomando a nuestro país como parte de un todo mayor) de América.
Una visión diferenciada del liberalismo (tanto de izquierda como de derecha) y del revisionismo fastizoide; “una visión marxista de la historia”. Se ha avanzado mucho en las dos últimas décadas en este sentido, pero no hemos alcanzado una visión de totalizadora, creo yo, que tenga en cuenta “todos” los elementos: históricos, económicos, sociales, culturales y hasta filosóficos, que han intervenido e intervienen en este proceso. Esto es sumamente necesario, es más, es imprescindible para la lucha cultural que se libra en los marcos de la globalización capitalista de este milenio que comienza. No es esta una discusión historicista, lo dijimos al principio, es simplemente que no podemos comprender el presente si no comprendemos nuestro pasado.
Quiero ser muy claro sobre este particular, el pensamiento revolucionario argentino y el marxismo en particular, ha contado con intelectuales valiosísimos que han tenido un rol protagónico y han incidido en la lucha de clases e inclusive, algunos de ellos han hecho aportes muy importantes a la teoría revolucionaria, pero nosotros estamos tratando de analizar un tema concreto y tenemos que decir que muchos de esos grandes revolucionarios no pudieron superar la visión liberal de la historia.
El denominado “marxismo liberal” es un hecho, no una leyenda y lo debemos asumir como hemos asumido otros errores, lo importante es tener en claro que esos errores, fueron errores cometidos por revolucionarios (en el mas alto sentido que esa palabra tiene para nosotros); lo segundo es comprender que estas cuestiones que a veces nos parecen secundarias, tienen y han tenido, incidencia directa en nuestro accionar con respecto a la lucha de clases y lo importante no es saber quien tiene razón por la razón en sí, por jactancia intelectual, sino por que la historia no se detiene y nosotros tenemos que aspirar a escribir esa historia, la de la total emancipación del hombre. Esos marxistas eran por formación tributarios del ideario de la generación del 80′ y como tales le reconocían a la burguesía porteña un rol civilizatorio, que salvo durante muy breves períodos de tiempo, jamás se ha verificado, sino todo lo contrario.
Hombres como J. B. Justo, Ingenieros a pesar de lo importante que fueron para la cultura revolucionaria de nuestro país, no pudieron muchas veces superar los puntos de vista de los Mitre, los Sarmiento, los Roca. Las propias palabras de Aníbal Ponce, (un hombre que según se dice influyó sobre el Che en su elaboración del imaginario “del hombre nuevo”), vienen a avalar todo lo dicho hasta aquí: “… contra los ideales mestizos del señor Vasconcelos han luchado en la Argentina nuestros próceres… Preferimos ir corrigiendo con sangre de blancos los resabios que aun nos quedan del indio o del mulato”.
Ahora bien. Como hombres con esta formación intelectual iban a poder ver por ejemplo, en el ayllú andino un basamento inmejorable para la construcción del socialismo, como lo hiciera Mariátuegui?. No, de ninguna manera, su eurocentrismo se los impedía. Para ellos todas esas formas de organización social, que dicho sea de paso Engels en su libro “Origen de la familia” recomienda se estudiasen con detenimiento por escapar a las generales de su trabajo, toda esa originalidad, toda esa riqueza de nuestros pueblos originarios, eran consideradas “lacras” que había que superar porque pertenecían a la prehistoria de la humanidad.
Como verán, entre esto y “Civilización y Barbarie” no hay mucha diferencia, Martí fue categórico al respecto: “No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza”.
No fue entonces la política de la Internacional Comunista solamente, su caracterización desacertada de nuestra realidad, sino que en el caso argentino, la política de la revolución democrática – burguesa coincidía con la valoración que los marxistas liberales hacían del rol que estaba predestinada a jugar nuestra burguesía en la historia de la nación. La conjunción de la visión liberal de la historia con el dogmatismo, el positivismo, el panrusismo y todos los demás “ísmos” que vienen al caso, produjo el matrimonio perfecto que nos llevó entre otras cosas, a la Unión Democrática , el divorcio con las masas y a perder de vista el torrente fundamental de la lucha de clases durante un largo período de la historia argentina.
La lucha revolucionaria, de la que también fueron parte fundamental los marxistas liberales, nos ha ido demostrando que existen otros itinerarios para el pensamiento marxista argentino. Por eso nosotros necesitamos un nuevo tipo de intelectual que sea capaz de capitalizar toda esa experiencia, los aciertos y los errores, los nuestros y los ajenos, en nuestro proceso y en otros procesos en otras partes del mundo. Solo así podremos seguir avanzando en el marxismo y seguir perfeccionando las herramientas de la liberación.Volver
Otra vez Calibán
De la misma manera que ha existido y existe aun, una tradición de intelectuales que consciente o inconscientemente han estado al servicio de los que pretendieron sojuzgar a nuestro pueblo en todo tiempo y circunstancia. También ha existido una tradición muy fuerte, tal vez no la cuantitativamente más importante, de verdaderos americanos que en definitiva son los que han posibilitado que esta batalla no se haya resuelto hace mucho tiempo a favor de nuestros opresores. Estos intelectuales constituyen un antecedente muy sólido acerca del tipo de intelectual que América necesita para su liberación. La “historia oficial” ha tratado lisa y llanamente de olvidarlos, de desplegar sobre ellos el silencio más absoluto; cuando esto no le fue posible han tratado de desvirtuarlos, de vaciarlos de contenido, de miminizarlos. La desinstalación de la memoria ha operado sistemáticamente por más de 500 años sobre nuestras masas populares y las elites se han reservado para sí los nexos que unen a la historia y permiten comprender los fenómenos y los procesos políticos, económicos, sociales y culturales.
A cambio del olvido, de la misma manera que antes nos cambiaban oro por cuentas de vidrio, nos brindan hoy sus espejos de consumo y bienestar, nos dicen cuando y de que tenemos que hablar, sobre que y como tenemos que pensar y nos alejan cada vez mas de nuestros verdaderos problemas, de las cosas realmente esenciales para nuestra supervivencia y nuestro desarrollo.
Nos preparan en definitiva para que seamos funcionales a un mundo tan ajeno como lejano para nuestros sentimientos, un mundo en el que ellos han fijado de antemano el rol que nosotros vamos a jugar y ese rol, por si hiciera falta decirlo, es el que hemos jugado por más de 500 años. Nosotros somos esto que somos, un pueblo agredido, diezmado, masacrado. Nuestra historia, la de esta tierra, nuestra patria, es la del pillaje y el abuso, la de la desolación y también la de la resistencia. Por eso, de la misma manera que no hay nada intermedio entre el capitalismo y el socialismo, tampoco hay nada intermedio entre la libertad y la opresión, entre los que luchan y los que claudican.
Estamos realmente hartos de las buenas razones, de los atenuantes, de las claudicaciones convertidas en verdades irrefutables, de los coqueteos y de los lugares conquistados en la alfombra de los que solo socializan el hambre y la desesperanza.
De que le vienen a hablar a nuestro pueblo, en América, la opresión se puede haber llamado absolutismo, democracia liberal o republicana, imperialismo, neoliberalismo o edad poshumana, pero la verdad es que para nosotros siempre fue opresión y la opresión no se puede “humanizar” (por lo tanto el capitalismo tampoco), la historia señores no ha terminado, la utopía no esta desarmada, los robots no saben hacer el amor, es hora entonces que empecemos a desaprender.
¿Que significa desaprender? Desaprender no significa negar el conocimiento, significa sí, aprender críticamente. No es cuanto uno lee, ni siquiera que lee, sino que es lo que hace uno con lo que sabe.
No podemos seguir midiendo a nuestros intelectuales por la cantidad de libros/hora que leen o por los hectolitros de tinta que consumen emborronando cuartillas, es hora de que midamos a nuestros intelectuales por los servicios prestados al pueblo y a la causa de América.
La ciencia ha demostrado que no es neutral, por eso (entre otras cosas) la Modernidad en América no se ha consumado aún. Desinstalar la memoria también implica mentir y hay un conjunto de ciencias que han nacido al calor del colonialismo.
Las llamadas “ciencias arqueológicas” han nacido como respuesta a la necesidad de conocer para dominar. Los libros de historia con los que nos hemos educado empiezan con el descubrimiento de América y en el mejor de los casos dedican un capitulo inicial para sintetizar 30.000 años de nuestra historia; sospechosamente y en el mismo sentido, se verifica una reticencia a conferir antigüedad e importancia a los hallazgos arqueológicos realizados en América y el Tercer Mundo en general, llegando incluso a una subestimación tan grotesca de nuestros pueblos que no han dudado en adjudicarle la autoría de las pirámides de Egipto o la ciudad-templo de Machu Pijchu (por citar un ejem.), a viajeros de otras galaxias.
Hoy hay quienes aseguran que el hombre apareció sobre la tierra antes y no después de la separación de los continentes, lo cual estaría diciendo (sin invalidar las teorías de Hrdlicka y de otros sobre las migraciones) que el hombre apareció simultáneamente en todo el mundo.
Esta teoría va cobrando fuerza a medida que se van profundizando los trabajos de campo en el llamado tercer mundo, hoy ya se habla del origen africano del hombre a raíz de descubrimientos como el de Lucy en el continente negro; como correlato de esto el descubrimiento de verdaderos “parques jurásicos” al mejor estilo Spilberg, en la Patagonia y precordillera argentina, o los estudios antropométricos realizados al pueblo Uro de la altiplanicie boliviana, están demostrando, al menos, de forma irrefutable la antigüedad e importancia de nuestra cultura.
No es casual que durante gran parte del siglo anterior los antecesores directos del hombre tal cual hoy lo conocemos, hayan llevado el nombre de localidades europeas (Neanderthal, Cro-magnón, etc.), subliminalmente nos inculcaron “el origen europeo del hombre”, hoy sabemos que no es así, pero que importa, el mundo ya es global (y de ellos por cierto.). El mismo concepto de “raza” es hoy científicamente inaceptable, pero ellos nos convencieron, no solo de que éramos inferiores culturalmente, sino que éramos inferiores hasta biológicamente. Esto ha sido un tremendo fraude intelectual y de él han participado, con distintos móviles y grados de responsabilidad, tanto los unos como los otros.
José Ingenieros “el maestro de juventudes”, decía, entre otras cosas, en una conferencia realizada en Chile en 1930, que los negros merecían la esclavitud por motivos “de realidad puramente biológica”.
No podemos seguir mirando de costado este problema, el partido revolucionario tiene una tarea de magnitudes colosales frente a sí y es hora de que concentremos en ella los esfuerzos que merece. Calibán tiene que poner a Próspero a trabajar al servicio del pueblo o obligarlo a regresar por donde vino.
De que hablamos cuando decimos que precisamos un nuevo tipo de intelectual?. Estamos hablando no solo de una actitud ante el conocimiento, sino fundamentalmente de devolverle al hombre su vocación filosófica. Volver a hacer carne entre nosotros: “que los sueños pueden volverse realidad”, “que a través del pensamiento, de la ciencia, de la técnica y el trabajo creador, el hombre puede someter a las fuerzas retrógradas de la humanidad y con sus propias manos construir un nuevo orden social a escala planetaria que sea capaz de consumar la emancipación total del hombre”. No es cierto que vivimos ante la ausencia de paradigmas. Lo que sí es cierto es que nos han impuesto la amnesia a punta de pistola. Ya lo dijimos y lo diremos una vez más, América tiene una tradición de lucha que debe enorgullecernos. América es un “producto cultural singularísimo”. Y hemos tenido y seguimos teniendo intelectuales (en el sentido gramsciano) que nos marcan el rumbo que todo intelectual, que se precie hijo de esta tierra, debe seguir. Bolívar sintetizó en su persona a toda una generación de hombres que inauguró esa tradición a la que nosotros aspiramos a pertenecer.
Descendientes directos del conquistador, educados en sus valores, muchos de ellos incluso en universidades del viejo continente, pero que comenzaron a experimentar un proceso de toma de conciencia que los llevó primero a solidarizarse con las capas de la sociedad oprimidas por el colonialismo (los indios, los negros y mestizos) y que más tarde los obligó a producir una “ruptura con sus propios valores culturales”. No fue al revés, para romper con el colonialismo, para enfrentar sus instituciones, sus intelectuales, sus ejércitos, primero tuvieron que romper con la parte colonizada de ellos mismos. San Martín era hijo de un militar español, Bolívar de la oligarquía más rancia de su país y esto es un rasgo común de toda esa generación de revolucionarios.
Fácilmente ellos podían haber reproducido su origen sociocultural y seguramente habrán estado tentados ha hacerlo, pero el conocimiento y la razón los llevó a traicionar su clase y a solidarizarse, como diría un Martí “con los pobres de la tierra”.
Cuales son los rasgos definitorios de toda esta generación que va desde Bolívar a Martí y que después tomaran muchos otros revolucionarios como Mariátegui y el Che?
Primero la apropiación crítica del conocimiento al servicio del pensamiento propio, original.
Segundo el “anclaje” de ese conocimiento a la realidad y dentro de la comprensión de la realidad, la toma de partido, la no-neutralidad o sea la no-separación del intelectual de los problemas concretos de la sociedad en que se desarrolla, lo que nos lleva al tercer y cuarto punto que son: “la coherencia y la integralidad”.
La coherencia hace a la seriedad de un intelectual o sea, a no concebir el trabajo intelectual “como las infinitas posibilidades de combinar ideas y palabras” (o sea “jugar a los dados con las palabras”), sino como una forma de acceder a la comprensión de la realidad, que tiene que llevar “indefectiblemente” al intelectual honesto a tratar de modificarla.
Llegamos así a la “integralidad”, que es el rasgo que más se ha ido diluyendo de toda esta tradición. ¿Cuál era Martí, el poeta de verso sencillo, el estadista, o el que murió de un balazo en Dos Ríos?
¿Quién era el Che, el médico, el combatiente internacionalista, el ministro, el que escribía versos, el que hacía trabajo voluntario, el embajador, el teórico marxista o el que cayó herido en la Quebrada del Yuro?
Tenemos que terminar pues, con los “francotiradores” o sea los que escriben desde fuera, sin ningún compromiso con la lucha de clases. “El intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante. Y el que comprendió y no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia de su tierra” Rodolfo Walsh.Volver
Hacia una cultura de la liberación
Hasta aquí, (siguiendo la definición de Gramsci de lo que es un intelectual), hemos venido hablando del intelectual orgánico. Hemos hablado de los intelectuales tradicionales (o sea, los orgánicos de la dominación) y de los revolucionarios (o sea, los orgánicos de la liberación) . Pero cuando Gramsci hablaba de “orgánico” se refería a la clase y no a un partido. Es decir (siguiendo a Gramsci) que a cada clase le corresponde un partido orgánico, descompuesto en distintas organizaciones, políticas, culturales, sociales, medios de comunicación, organizaciones corporativas etc.
Por lo tanto nosotros tenemos que contribuir, (y esa es nuestra principal tarea), a la consolidación del partido orgánico del proletariado . Y esto tiene que ver con nuestra formulación de una “nueva cultura de izquierda”, de una nueva fuerza que contenga todas las tradiciones, todas las culturas revolucionarias de nuestra patria.
En los documentos de Santa Fe II se habla expresamente de que es vital para los intereses de EEUU en América latina evitar a como de lugar el matrimonio entre el marxismo-leninismo, el nacionalismo y la teología de la liberación, a lo que nosotros tendríamos que agregarle también, las otras corrientes marxistas y el pensamiento indígena.
Solamente el hecho de que la posibilidad de este “matrimonio” se consume, aterrorice al imperialismo, muestra la justeza de este camino. Ahora bien, si América es una unidad en la diversidad donde no solo conviven las distintas tradiciones de la cultura occidental, sino también los distintos planos de lo americano, ¿podrá cohesionarse el proletariado de este continente, de no mediar un proceso de síntesis de todos estos elementos? Nosotros hablamos del “sujeto” pueblo con centralidad de la clase obrera, como actor de las transformaciones revolucionarias en nuestro país y en el continente.
La palabra “pueblo”, (por su heterogeneidad, en nuestro caso) nos remite a muchas de las cuestiones, que hemos pretendido plantear en estos apuntes, por lo tanto la respuesta a la pregunta arriba formulada es obvia, haciendo la aclaración de que no estamos planteando una cuestión “etapista”, sino integral del problema.
La política contracultural del Partido Revolucionario tiene que tratar de lograr por todos los medios, superar los marcos de la resistencia y pasar a la ofensiva. Tenemos que profundizar el proceso de americanización de la teoría revolucionaria y para ello necesitamos formular un nuevo tipo de intelectual orgánico. Un intelectual que sea capaz de ahondar en lo más profundo de la espiritualidad de nuestro pueblo, no solo para revalorar nuestras raíces, para nutrirse de ellas, sino también para contribuir a la reunión de todos los fragmentos de lo americano.
El único elemento capaz de amalgamar esa diversidad es la lucha por la liberación ya que la fragmentación es consecuencia de la dominación y esta afecta por igual a todos los planos de lo americano. Y esto es un hecho comprobado porque la historia de este continente así lo indica. Es desde este ángulo que nosotros tenemos que reescribir nuestra historia. Las gestas de la Independencia tienen que empezar a ser abordadas como la primer gran guerra de liberación y a pesar que en aquel tiempo (siglo XVII y XIX) los diferentes planos de lo americano eran mucho más irreconciliables que lo que pueden ser hoy, la guerra de liberación logró contener a elementos que por su heterogeneidad parecían irreconciliables y llevarlos con distintas expectativas, hasta la victoria. Luego de alcanzada la victoria la batalla cultural se resolvió del modo que hemos desarrollado en estos apuntes y eso es precisamente lo que nosotros tenemos que modificar. Tendremos entonces que construir la nueva sociedad a partir de nuestras propias culturas (sin mesianismo, ni eurocentrismos de izquierda) y no sobre su sustitución.
La construcción del socialismo en América pasa en gran parte, por favorecer y garantizar el desarrollo y la confluencia de las distintas vertientes culturales. Esto requiere de mucha creatividad y pragmatismo ya que como acabamos de mencionar tendremos que trabajar sobre realidades muy distintas, una cosa es el trabajo en los grandes centros urbanos y otro muy distinto es en el interior; una cosa es trabajar con el colono blanco y otra con el mestizo, con los pueblos originarios o las comunidades afroamericanas.
De lo que estamos hablando es que el principal escollo ha sido siempre y seguirá siendo, el ser reconocido como un “igual” por los miembros de la comunidad en la que pretendemos insertarnos y realizar las transformaciones y esto solo se logra a través del respeto hacia las demás cosmovisiones. La política contracultural tiene que ser una política de asimilación, no de sustitución (por mejor intensionada que esta sea) el proceso de construcción de la nueva sociedad será el que posibilitará la confluencia, la síntesis de todos los elementos. Nosotros tenemos que propiciar un proceso de nivelación, de diálogo cultural, de aculturación recíproca entre los diferentes planos de lo americano, hasta llegar a un sincretismo cultural, a una síntesis superadora, fruto de un verdadero proceso de homologación “no traumático” de todas las vertientes de lo americano.
Las culturas no-occidentales de América, tienen muchísimo que aportar al socialismo en este continente. Todos hemos escuchado alguna vez y muchas veces lo seguimos haciendo, juicios de valor, como los referidos a la actitud del campesinado boliviano con respecto al movimiento de liberación liderado por el Che en Bolivia, las referencias a la “apatía del indio”, a su “incapacidad para comprender”, cuando no a su cobardía. Juicios como estos, tan frecuentes como lamentables, lo único que revelan es el profundo desconocimiento de lo americano. El pensamiento de los pueblos no-occidentales de América es un pensamiento cíclico, donde a diferencia del pensamiento occidental la historia no es una sumatoria de hechos interrelacionados que se suceden uno tras otro (pensamiento lineal), sino de situaciones que se repiten cíclicamente (pensamiento circular o seminal). Sin comprender el lugar que ocupa el “mito” en el pensamiento popular americano, nunca vamos a poder comprender a nuestro pueblo.
El mismo Che al que aparentemente miraron con indiferencia los campesinados aymaras, fue elevado a la categoría de mito tras su muerte. San Ernesto de la Higuera no es una metáfora romántica, sino una “entidad de lo sagrado” para esos indios. Lo mismo pasó con Tupac Amaru. Por qué hay un grupo insurgente que lleva su nombre? Por qué hay un movimiento sandinista, zapatista o bolivariano? Y es porque en gran parte de las masas populares de este continente sobrevive el pensamiento mítico.
Y que es el mito? el mito es un hecho del pasado histórico que por su calidad ejemplificadora, normativa de la moral y los valores tiene un efecto civilizatorio. El indio no tiene expectativa, no tiene angustia existencial, porque sabe que la vida se repite como el ciclo de la semilla, y el mito vuelve a encarnar en el presente bajo nuevas formas y con nuevos protagonistas. Tupac Amaru, Bolívar, Zapata, Sandino, el Che, los mismos Perón y Evita y tantos otros, son la encarnación a nivel del inconsciente colectivo de esas masas, de aquellos lejanos “héroes civilizadores” de los pueblos ancestrales . Cuando los líderes cubanos dicen que la revolución socialista en Cuba es la continuidad de las Guerras de la Independencia, están apelando a un pensamiento mítico, a un sentimiento que el pueblo ya había internalizado sin quizás poder explicarlo.
Esa continuidad solo es real a nivel afectivo, es una continuidad irracional y es continuidad porque parte, porque se hace carne del inmenso gesto ético de los que dieron todo incluso la vida por algo que los trascendía. Un Amaru, un Zapata, un Sandino, un Martí, un Che asesinados, tienen la misma entidad a nivel del inconsciente colectivo, de una bestia sacrificada para que los campos florezcan, tienen la misma entidad que un Cristo clavado al madero, pero tienen por sobre todo, en un mundo donde todo se mide por el éxito, donde no hay valores, ni ética, ni moral, un valor contracultural irrefutable, paradigmático.
Nosotros, aun sin saberlo, somos parte de ese mito y tenemos que aspirar a ser parte de esos “héroes civilizadores”. El pensamiento de las culturas no-occidentales de América tiene mucho que aportar al socialismo. La relación que hay para estas culturas entre la comunidad y el individuo, que excede largamente el tema de la propiedad comunal de la tierra (o más bién la de la tierra como algo inalienable, de carácter sagrado), sino que tiene que ver fundamentalmente con el carácter formador de la sociedad con respecto al individuo, con el carácter contenedor y proveedor de la comunidad como respuesta a las necesidades del individuo, con la relación de la comunidad y en última instancia del hombre con el universo ; con los modos de organización y jerarquización social (importancia de los ancianos, de los niños, etc.).
Cuando hablamos de “americanzación” de la teoría revolucionaria, estamos hablando de que hay una serie de valores propios del socialismo que son contraculturales en el marco de la cultura occidental (dominada por el capitalismo) y que en el marco de las culturas no-occidentales de América no lo son, porque esos valores propios del socialismo, son también valores propios de esas culturas no-occidentales. Creo que esta fue la principal percepción que tuvo Mariátegui sobre el socialismo en América.
Experiencias como las de Chiapas, como la de los sin tierra de Brasil y del Paraguay; el movimiento indígena en Ecuador, nos dicen, más allá de las valoraciones que se puedan hacer sobre estos movimientos, algo muy concreto: primero, que hay una forma natural de ser y de organizarse de estos sectores (cuando los sin tierra ocupan los predios que han conquistado, se organizan en cooperativas no trabajan la tierra de forma individual) y segundo, que los agentes externos a esas comunidades respetan las formas organizativas y de democracia interna de esas comunidades (el caso más elocuente en ese sentido es Chiapas).
Otro parte muy importante nuestro proyecto contracultural, tiene que ser sin duda la capitalización (como ya mencionamos) de toda nuestra experiencia histórica y en particular de la Primer Gran Guerra de Liberación:
Primero, la identificación precisa del enemigo.
Segundo, la unidad monolítica de todos los agredidos por ese enemigo común, más allá de los diferentes intereses que mueven a cada sector.
Tercero, la mística revolucionaria, la fe inquebrantable en la victoria (muchas veces pensamos en lo quijotesca de nuestra lucha y hasta llegamos a actuar “por inercia” sin estar demasiados convencidos de nuestras propias posibilidades. Los colonialistas europeos del siglo XIX no eran menos poderosos que lo que es hoy el imperialismo yankee y los vencimos. Esto es un hecho del más absoluto rigor histórico).
Cuarto, la coordinación de la lucha o sea la presencia de una organización revolucionaria que cohesionara a todas las tendencias enfrentadas contra el enemigo común (es poco sabida, la existencia de diferentes tendencias dentro del movimiento independentista, republicanos, monárquicos, centralistas y federales, en algunos casos con posiciones irreconciliables entre sí sobre algunos temas en particular y que desembocaron lamentablemente en la guerra civil, pero que supieron postergar esas diferencias hasta lograr el objetivo primordial de la liberación).
Todo esto que parece muy fácil y elemental, no lo es, y lo realmente importante es la experiencia concreta de la unidad para la liberación de todos los planos de lo americano, que si fue alcanzada en aquella primer gran guerra. De aquel enfoque político, podemos sin duda nosotros extraer innumerables experiencias.
El aporte fundamental del cristianismo, es su profunda humanística. Quien haya leído el Nuevo Testamento, sabrá a que me refiero. No es casual la identificación de algunos sectores de las iglesias cristianas con el Che, ya que en la concepción del socialismo que el Che tenía, el hombre era el centro, el punto de partida y de llegada de todas las transformaciones. Este es un dato muy importante para nosotros. Aquel viejo dicho que dice “que el fin no justifica los medios” es una buena forma de atrapar el espíritu tanto del humanismo cristiano, como el del Che. Y no estamos aquí planteando cuestiones “puristas”, sino pensando inconscientemente en la historia del hombre y en particular en la del movimiento revolucionario mundial. “al árbol se lo conoce por sus frutos” dice el Evangelio y yo digo que bajo ninguna circunstancia el socialismo puede negar su propia esencia. La nueva sociedad ha de posibilitar la total emancipación del hombre, o no será.
Por último nuestra política contracultural tiene que unir indisolublemente el tema de lo patriótico al tema de lo social. Ese es nuestro aporte fundamental, el abordaje clasista de la estrategia emancipadora. La solidaridad es un elemento poderoso en este sentido. Superar el enfoque sectario. Instalar la idea de que no hay victoria sin unidad, ni salvación si no se liberan la totalidad de los sectores oprimidos, postergados y degradados por el sistema realmente imperante. Debemos apelar a todos los resortes del nacionalismo, con la única diferencia que para nosotros la Patria es América y nuestro corazón siempre ha de estar con todos los hombres del mundo que luchan por su liberación. La liberación no es posible sin la realización plena del hombre. La liberación para nosotros no es solo la soberanía política y económica, sino también la felicidad del pueblo. “Patria es humanidad” decía José Martí, por lo tanto todo poder opresor, así sea el propio estado nacional, es antipatriótico para nosotros. No existe el nacionalismo de derecha, solo existen los que claudican o luchan hasta el final.Volver
Conclusión
Hemos hablado de muchas cosas y sin duda podemos hablar de muchas más que están relacionadas con la batalla cultural en América y los desafíos del partido revolucionario con respecto a ella. Lo importante es que cada uno de nosotros aportemos a este debate, que nos interesemos cada vez más, que investiguemos cada vez más, que colectivicemos nuestros conocimientos y nuestras experiencias, para ir arribando juntos a una comprensión mas acabada del tema, que nos permita ir solucionando las dificultades que se nos presentan en el trabajo concreto y que a su vez tenga este, la suficiente eficacia, la suficiente contundencia para ir generando un movimiento contracultural en nuestro país y en nuestro continente.
Todos los que luchamos contra este sistema de dominación, contra la dictadura del capital a escala planetaria, todos nosotros sin excepción, somos intelectuales orgánicos de “la clase”, en ese sentido cada uno de nosotros es una herramienta para la liberación y es nuestro deber trabajar para ser lo más eficientes cada día, un instrumento que se perfecciona a cada rato, que se prueba día a día.
Los marxistas del tercer milenio tendremos que revisitar críticamente la historia de todo el movimiento revolucionario mundial, reconocer cada uno de nuestros errores, revalorar cada uno de nuestros aciertos y aprender tanto de los unos, como de los otros. “No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco o copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestro propio lenguaje, al socialismo indo-americano”.
Nuestro único compromiso debe ser, entonces, con la verdad, con la justeza de nuestros ideales, con nuestro pueblo. Nosotros nos parecemos a los bebés secuestrados por la dictadura, porque no solo nos han robado la memoria sino que nos han educado contra nuestra propia sangre.
Es importante que tomemos conciencia de ello, que empecemos a desaprender todo lo que nos han enseñado y construyamos ladrillo a ladrillo, con nuestras propias manos, la identidad que nos negaron. Nada de lo que pasó puede ser cambiado, nosotros somos hijos de un entrecruzamiento formidable, de la colisión de dos civilizaciones, de la fusión de miles de pueblos, que se están todavía amalgamando, en esto reside nuestra fuerza, en que tenemos la posibilidad de apropiarnos de lo mejor, de lo más diverso del pensamiento humano.
Muchos revolucionarios lo entendieron así, los Bolívar, los Martí, los Mariátegui, los Guevaras y tantos otros que aunque menos conocidos supieron hacer lo suyo cuando correspondía que lo hicieran. A nosotros nos toca también luchar contra lo viejo y construir lo nuevo. Es sobre la base de lo nuestro y no sobre su negación, donde tendremos que construir (antes, durante y después) el socialismo.
Este pueblo, el nuestro, es un pueblo que ha sufrido mucho, que ha pagado muy caro el hecho de haber nacido en una tierra bella y sumamente rica. Llevamos mas de cinco siglos y medio resistiendo y aunque arrasan la tierra la rebeldía vuelve a brotar. Nosotros con todas nuestras limitaciones y defectos queremos un lugar entre los primeros y es al calor de esa lucha donde seremos más y mejores.
Quiero cerrar estos apuntes (provisionalmente) con las palabras de uno de los mejores hijos de la Patria Grande Americana, ellas expresan con la exactitud de las cosas simples el tremendo drama que representa la construcción de la herramienta para edificar lo nuevo: “…podemos injertarle peras al olmo, pero al mismo tiempo tenemos que ir sembrando perales” (acerca de los intelectuales) “El hombre y el socialismo en Cuba” Ernesto Che Guevara.Volver
* Poeta y escritor. Miembro del Ateneo Cultural “Antonio Bravo Correoso” de Stgo. de Cuba, de la Junta Bs. As. del Congreso Anfictiónico Bolivariano y del Partido Comunista. Forma parte del consejo de redacción para Centro y Sudamérica de la revista italiana “il Majakosvkij”. Volver
“Manifiesto del Partido Comunista” Marx y Enegl.
Las políticas económicas de nuestros países son dictadas por el FMI y el Banco Mundial. La ONU no solo promueve el modelo neoliberal de democracia, sino que además interviene militarmente a través de los cascos azules y la OTAN, en los países que no se avienen a sus orientaciones. La supuesta defensa de los derechos humanos, la lucha contra el narcotráfico e incluso la lucha contra el hambre o por razones “humanitarias, son motivo de intervención directa en los países del tercer mundo, al tiempo que han estructurado todo un orden jurídico internacional al cual deben someterse las constituciones nacionales. Por último las grandes cadenas de información han creado una realidad “virtual” o “hiperrrealidad” (que pretende ser más real que la realidad misma), que sirven a los intereses del sistema y que han llevado adelante con éxito la batalla cultural – ideológica a escala planetaria.
1)“La revolución de la informática […] resuelve el problema central de la empresa capitalista multinacional tal como tomar decisiones rápidas y centralizadas.
2)La automatización […] la tecnología actual es cada vez más ahorradora de mano de obra y sustituye en forma creciente, ya no sólo al mismo humano. sino que mediante la robótica tiende a sustituir las decisiones mentales del trabajador. 3)[ …] el desarrollo en el capitalismo actual de una nueva área que es la biotecnología o la bioingeniería, es decir, la capacidad de reproducir a escala industrial y en condiciones artificiales lo que la naturaleza produce” Zamora Rubén: “La Revolución y el siglo XXI” en revista L’ Avispa, No.10, julio – septiembre, 1992, p.27-28.
El último informe de la Cepal asegura que hay 244.000.000 de personas “por debajo del límite de la pobreza” en América Latina y el Caribe (algo así como siete veces la población de nuestro país).
Este ha sido y siguirá siendo seguramente, el problema central de la filosofía. En respuesta este problema, podríamos decir de una manera muy eaquemática, que el pensamiento se ha dividido en dos grupos fundamentales: el idealista, que da una explicación no científica o de carácter divino, donde el pensamiento crea a la materia y el materialista que postula que es la materia la que origina al pensamiento (explicación científica). Hay una tercera explicación que es la agnóstica (intermedia entre las otras dos) que basándose en la ciencia (o sea desde una posición materialista) no puede verificar la existencia de Dios, pero tampoco (y por el mismo método) su inexistencia.
Basta leer el Nuevo Testamento o ver de que manera se organizaban las primeras comunidades cristianas (por tomar una de las religiones preponderantes en América) para darse cuenta de la tergiversación del dogma por parte de las iglesias. El hecho de que las misas se dieran en latín (o sea en un idioma ininteligible para las masas) y de espaldas a los feligreses, demuestran ya no solo la tergiversación sino el fraude mismo
Durante el avance de los pueblos bárbaros que pusieron fin al Imperio romano, se pusieron a resguardo de los conventos y monasterios la casi totalidad de los manuscritos producidos por los grandes pensadores de la cultura grecolatina, quedando reservado de hecho para la iglesia el monopolio de ese conocimiento por un largo período de tiempo, situación que la misma supo explotar a favor de su política oscurantista.
Galileo fue condenado como “hereje” por sustentar las teorías de Copérnico las cuales sostenían que el universo no giraba alrededor de la tierra, sino que era la tierra la que giraba en torno al sol. En 1992 el Papa Juan Pablo II, en una autocrítica un poco lenta (mas de 300 años) reconoció la injusticia cometida contra el científico.
“La muerte de Dios” o del “carácter divino” de las cosas, no tiene nada que ver con la espiritualidad del hombre, ni sus credos, sino con el carácter alienante de las religiones cuando son freno del conocimiento y la razón e instrumento de preservación del status quo, en nombre de un orden de cosas preestablecido y un destino prefijado por lo Divino.
Esta corriente del pensamiento, vuelve a poner al hombre en el centro de la escena universal. Uno de los más conocidos y polémicos humanistas de ese tiempo fue Erasmo de Rotterdam cuyas obras fueron prohibidas por la Iglesia tras su muerte.
Aquí la palabra utopía es usada en su acepción original, ya que este es el tiempo de las primeras tesis socialistas que antecedieron a lo que hoy conocemos por socialismo científico. Tomás Moro y Campanella primero, Saint Simon, Fournier y Owen después.
Una de las obras mas difundidas de Rousseau.
Federico Engel “Del socialismo utópico al socialismo científico”
El esplendor de la burguesía irradiado desde los grandes centros del poder, el saber y el arte. Londres, París, Francfort, Viena, de finales del siglo XIX, principios del XX.
Estamos hablando aquí de la reconversión de los campesinos y artesanos, “propiedad privada mediante”, en “proletarios” o sea personas que han perdido la posesión de los medios de producción y que ahora solo cuentan con la “venta de su fuerza de trabajo”, para subsistir.
Nombre que algunos autores dan a la Revolución Francesa.
Hasta ese momento la realidad era percibida como algo estático e inamovible y por sobre todo, sujeta a un “orden natural” y por tanto, “preestablecido” e inmodificable. Las vanguardias van a subvertir esta cualidad de lo real, a través de la subjetividad. Esto se puede ver claramente por ejemplo, en la pintura (fauvismo, impresionismo, expresionismo, cubismo, etc.) donde la imagen va a perder su exactitud fotográfica para pasar a ser representada “no como lo que es”, sino por lo que le provoca al que percibe esa imagen.
Nicolás Casullo “El Tiempo de las Vanguardias Artísticas y Políticas”.
Aquí el término “vanguardia política” no está asociado, como hacemos generalmente, a posiciones de izquierda, sino a su posición radical frente al “estado burgués”
Muchos elementos podrían avalar esta afirmación. El 80% de las divisiones alemanas y la casi totalidad de sus tropas de elite, combatieron en el Frente Oriental. La persecución y el exterminio en los territorios ocupados no solo hicieron centro en el pueblo judío, sino también y con igual celo en los socialistas, en los comunistas y hasta en los demócratas consecuentes. Por último no fueron pocos los generales y altos mandos de las fuerzas aliadas, que al finalizar la guerra confesaron irónicamente: “que se habían equivocado de enemigo”.
Si bien aquí es cierto que “el socialismo realmente existente” sucumbió ante la ofensiva cultural- ideológica del imperialismo, hubo causas internas quizás mucho mas importantes que posibilitaron esa penetración y sus letales consecuencias.
Versión de un capitalismo idealizado de tarjetas de crédito, autos lujosos y bellas mujeres, que solo esperan que uno extienda la mano y se las apropie.
Un periodista de la ex URSS, explicaba recientemente, por ejem., que ellos no solo se creyeron lo de “la guerra de las galaxias”, sino que esto tuvo un gran efecto ya que creían que habían perdido definitivamente la carrera armamentista.
El auge de las sectas y el esoterismo, la apatía social, la desesperanza son entre otras cosas indicios de la vuelta a aquel mundo premoderno.
Rosental y Iudin, “Diccionario filosófico”.
A través de diversos factores como una exacta comprensión de la realidad; a través de la sensibilidad, de solidarizarse con los que sufren, no pocos sectores de la burguesía, incluso de la alta burguesía, “traicionan a su clase” y se pasan a la causa del proletariado. A este ejemplo responden la mayoría de los lideres revolucionarios que nosotros conocemos. En el mismo sentido podemos citar la frase de Lenin cuando se refiere a que “la ideología es introducida desde fuera de la clase (proletaria)”.
Federico Engel “Estudios filosóficos”
Recordemos que uno de los puntos de la Tercera Revolución del Desarrollo Capitalista, era la revolución informática. Hoy ya se habla de la “brecha electrónica” entre piases desarrollados y los que no lo son. En ese marco el dominio de los medios electrónicos de información posibilita el manipuleo de la realidad a través de la virtualidad y la hiperrrealidad.
La película “The wall” de Pink Floyd, es un claro alegato de lo que significa la educación en la sociedad capitalista.
Y esto es bueno aclararlo porque muchas veces gente con buenas intenciones se pone a trabajar “en los resquicios que nos deja el sistema” sin ser parte de ninguna articulación mayor y termina siendo cooptada por la cultura oficial o en el mejor de los casos convalidando o legitimando dicha política con su pertenencia a la misma. Es muy común que las administraciones neoliberales coopten intelectuales y artistas de izquierda para dar una imagen amplitud y progresismo a sus políticas represoras y antipopulares.
Las culturas son dinámicas y no estáticas, por tanto la aculturación es un hecho natural y permanente y se da no solo a través de la imposición de elementos culturales ajenos, sino también por influencia o gravitación dentro de un área determinada en la cual conviven varias culturas. Cuando este proceso tiene un carácter “civilizatorio” o sea de igualación entre dos culturas de distinto grado de desarrollo pero de igual raíz, se dice que estamos ante un proceso de “homologación cultural”.
Los horizontes culturales son áreas determinadas dentro de las cuales se ha desarrollado, en un grado al menos avanzado, un proceso de homologación cultural.
Los trabajos del filósofo argentino R. Kusch, son muy esclarecedores al respecto.
Padre Bartolomé de las Casas.
Demás esta decir que los liberales tanto de la nobleza como de la burguesía, eran los revolucionarios de la época.
Se conoce por chicanos a los hijos de mexicanos nacidos en EEUU y por newyorriqueños o nuyorriqueños a los puertoriqueños de NewYork y por extensión de los EEUU.
“Todavía, con toda precisión, no tenemos siquiera un nombre, estamos prácticamente sin bautizar: que si latinoamericanos, que si iberoamericanos, que si indoamericanos. Para los imperialistas no somos más que pueblos despreciados y despreciables. Al menos éramos. Desde Girón empezaron a pensar un poco diferente. Desprecio racial. Ser criollo, ser mestizo, ser negro, ser, sencillamente latinoamericano, es para ellos desprecio” Fidel Castro. 19/4/71
Aquí el termino nación es empleado como sinónimo de etnia.
Bandeirantes se refiere a los contingentes de voluntarios que se formaban para recuperar negros fugados e indios. El nombre bandeirante proviene de bandeira (bandera en portugués) y era dado a los miembros de la expedición ya que el método de reclutamiento consistía en plantar una bandera en una plaza y en torno a ella se agrupaban los que deseaban participar.
Para dar un ejemplo en Cuba, a nivel popular, se reconocen siete tipos distintos de negros, diferenciados por el grado y el tipo de cruzamiento del que sean producto.
“El hombre y el socialismo en Cuba” Che.
La física newtoniana, las teorías acerca de la evolución de las especies de Darwin, las ciencias arqueológicas, etc.
Con la destrucción del villorio fundado por Pedro de Mendoza a orillas del Río de la Plata a manos de los querandíes, el escaso ganado bovino y caballar que habían traído los conquistadores de España quedo en libertad diseminándose y multiplicándose geométricamente al punto de constiuirse en un rebaño de millares de cabezas. Este ganado salvaje por su origen, fue denominado “realengo”, o sea de propiedad del rey y constituyó la base de la principal actividad económica del Río de la Plata. Las licencias para “vaquear” otorgadas por las autoridades coloniales, constituyeron la principal forma de prebenda política y la base de las principales fortunas de la burguesía nativa, junto con el contrabando, actividades ambas íntimamente relacionadas y en las cuales no solo estaba involucrada la burguesía, sino las propias autoridades coloniales.
Las Provincias Unidas del Río de la Plata como estado nacional, permanecieron prácticamente indiferentes al proceso emancipador continental ya que estaban absorbidas en una lucha entre modelos disímiles de desarrollo capitalista que luchaban por alcanzar la hegemonía y hacerse con el poder del estado, situación esta que se materializó en la llamada “guerra civil” de 1820. La decisiva participación de nuestros compatriotas en la primera guerra de liberación es mas adjudicable al accionar de la logia de la “Gran Reunión Americana” (a la que pertenecía la Logia Lautaro) que al del estado nacional propiamente dicho. El modelo que hegemonizó casi sin interrupción los destinos de la revolución triunfante, era un modelo que aspiraba integrarse a Europa y no al resto del continente.
“Civilización y Barbarie” Domingo Faustino Sarmiento.
Se hace referencia aquí al bloqueo anglo francés implementado en perjuicio de nuestro país durante el gobierno de Rosas y al que prestaron ferviente apoyo los exiliados argentinos en Uruguay entre los que se destacaba entre otros Domingo Faustino Sarmiento.
Hay testimonios de época que cuentan que estos contingentes marchaban encadenados a la guerra.
Paraguay era el último reducto del ideario Bolivariano en América. Paraguay entra en guerra por defender la integridad territorial y la soberanía política del Uruguay que había sido invadida por el Brasil, con la complicidad efectiva de Mitre. La solidaridad entre otros de Varela con la causa paraguaya demuestra que muchos caudillos no eran señores feudales u hordas semibárbaras, sino muchos eran profundos americanistas que vieron claramente las maniobras del colonialismo inglés, como es el caso de Varela, por otro lado junto con Vicente Peñaloza, Artigas, fueron los mas claros exponentes del federalismo en el Río de la Plata.
Ya desde la colonia el negro es protagonista destacado de nuestros empeños libertarios. El regimiento de Pardos y Morenos, las invasiones inglesas, las Guerras de la Independencia.
El auge de la industria del cuero primero y del tasajo después, originó una disputa con carácter de guerra de exterminio entre los hacendados y los indios por el ganado realengo que se encontraba por millares de cabezas y que pastaba despreocupadamente en los territorios indios.
Se pagó un “patacón” por cada par de orejas de indio y en retribución se dieron tierras a los militares “hasta donde alcanzara el alambre”. Los que no se rindieron fueron condenados a trabajar de por vida en las canteras de la isla Martín García, como sucedió con el cacique Vicente Pincén y tantos otros.
Parafraseo de la frase de Martí.
“Está muy lejos de nuestro ánimo colocarnos en la actitud dogmática y anticientífica de quienes se oponen, sin contemplaciones, a que se revise nuestro pasado. Pensamos, por el contrario que, entre nosotros, todo puede y debe ser objeto de un examen crítico o de una revisión crítica. Pero esa actitud científica y comprensible, nada tiene en común con la falsa postura de quienes, para apuntalar inconfesables finalidades políticas, tienen necesidad de enturbiar el agua de nuestra tradición histórica, deformando hechos y exaltando situaciones y personajes definitivamente juzgados” Benito Marianetti.
Escritor mexicano autor de “La raza cósmica”.
El ayllú era la célula de la sociedad incáica, este tipo de organización a sobrevivido hasta nuestros días a pesar de la conquista y la aculturación. Mariátegui ve en este tipo de organización social, una serie de valores y elementos organizativos afines al socialismo y por lo tanto es a partir de allí y no desde su negación que él plantea (para los países andinos) la construcción del socialismo.
El error fundamental de la concepción de revolución democrática burguesa, consistía en trasladar una política correcta a nivel internacional (o sea la unidad de todos los sectores opuestos al fascismo) al plano de la estrategia para la toma del poder en cada país y lo que es peor al plano de la teoría revolucionaria.
La Unión Democrática fue una expresión de esa política de revolución democrática burguesa. Mediante un razonamiento mecánico “si el peronismo era fascismo, lo que se opusiera a él era democrático o viceversa” esto nos llevó a ser furgón de cola de la burguesía y a aliarnos a sectores de los más reaccionarios de la sociedad argentina.
Bajo este nombre se han escrito muchos trabajos relacionados con la batalla cultural en América. El poeta cubano Fernández Retamar, ha sido sin duda quien más ha trabajado sobre este personaje de Shakespeare y sus trabajos reunidos en “Todo Calibán” abarcan el período de casi treinta años (1971/98) de esta polémica entre “Civilización y Barbarie”, entre “Ariel, Próspero y Calibán”.
Citado por Eduardo Galeano en su libro “Patas arriba”.
Próspero y Calibán son dos de los personajes de “La tempestad” (Shakespeare) y que representan al colonizador y al colonizado respectivamente.
Sería más correcto hablar de orgánicos del capitalismo y del socialismo, que en realidad es a lo que se refirió Gramsci, pero como nosotros hemos analizado un espacio mayor de tiempo creo que es mejor hablar de opresión y liberación en el caso de América para no fragmentar lo que creo es el rasgo mas fuerte de nuestra cultura.
Proletariado en el sentido que le daba Marx al término, no como sinónimo exclusivo de obrero industrial, sino como sinónimo de un sujeto social mucho más amplio donde no solo estaba comprendido el obrero industrial, sino también otros sectores igualmente explotados y agredidos.
Los documentos de Santa Fe I y II (1980/1988 respectivamente) fueron elaborados por un grupo de intelectuales estadounidenses. En estos documentos se esbozan una serie de “recomendaciones” al gobierno de los EEUU acerca del papel que debería asumir con respecto a América Latina y el Caribe, allí se desarrolla y argumenta lo que hoy conocemos como “guerra de baja intensidad”. La mayoría de estas “recomendaciones” fueron llevadas a la práctica con éxito por el gobierno yankee.
Basta con ver el problema de los nacionalismos en los países del ex campo socialista, las guerras interétnicas y tribales, que aunque es correcto decir que fueron fomentadas en gran parte por las potencias capitalistas, no podemos dejar de ver que tienen su fundamentación en problemas culturales concretos.
Los héroes civilizadores en muchas culturas son desdoblamientos del Dios supremo e innombrable, que tienen la misión de bajar a la tierra para ordenar el caos del mundo. Tienen por tanto una misión civilizadora, en el sentido que buscan equilibrar los opuestos, lo fasta y lo nefasto de la vida, para que se de el fruto.
Nosotros tuvimos que llegar a las estrellas mismas, para comprender aquello que los antiguos cazadores y recolectores supieron desde siempre, “que el hombre es parte y no algo externo a la naturaleza y que por tanto existe una total dependencia de nuestra especie con respecto al resto de las especies tanto, animales, vegetales, como minerales” y esto traído a cuenta en un mundo donde seguramente en este siglo se desarrollen guerras ya no solo por los minerales energéticos, sino por la biodiversidad genética (el 80% de la cual se encuentra en la amazonía) y por el agua potable misma.
José Carlos Mariátegui
© 2001, Armando de Magdalena

