El marxismo embrujado
Una introducción a Mariátegui
Hablar de marxismo es ante todo hablar de revolución… o al menos así tendría que serlo. No obstante muchas veces ha significado hablar de filosofía o de ciencia, de economía y hasta de pura religión, lo cual (en el mejor de los casos) es caer en un grosero reduccionismo simplista, cuando no en una vil tergiversación. Es decir, nada decimos en definitiva cuando decimos marxista, o en verdad decimos muy poco. Y es que ha habido (y sigue habiendo) demasiadas “interpretaciones” de lo que es o debería ser el marxismo y muchas de ellas han descontextualizado los razonamientos de Marx, perdiendo de vista (intencionadamente o no) su perspectiva de praxis revolucionaria, es decir: reflexión para modificar una realidad concreta y particular, y es en este punto (en lo de particular que cada realidad puede tener) donde lo elaborado por Marx puede ser insuficiente. El marxismo como todo pensamiento es un producto cultural y si entendemos cultura como lo que es, es decir, como la interacción del hombre con el medio y con su tiempo (léase: “la historia”) vamos a comprender mucho mejor de que se tratan estos apuntes.

