La última montonera
Y entonces vino el polvo y se alzó como una gorra
los cascos nerviosos irrumpieron en la noche
aterranto el silencio equinoccial de las estrellas
de rancho en rancho allá a lo lejos
sumando irredencions
voluntades olvidadas
ancestrales odios aplacados
iban y venían los heraldo del viento
como un frío puñal que entra en la sangre
con su fiera verdad inapelable
-Varela manda llamar! y ahí salían
-Es por la libertad que se ensilla el potro parejero
sen enasta la tacuara, se besa a la mujer y al changuito soñoliento
… cuando aun se pudría la cabeza del Chacho en una pica
todo el llano se apretó en una pisada.
Severo Chumbita se llamaban esos hombres
Santos Guayama, Eustaquio Medina
Santiago Elizondo, o simplemente Juan el carretero
raigales capitanes de una patria pendiente
macilentos hombres de trabajo
veteranos de combates y entreveros
que salían al galope y a los gritos
sin temblarle al fusil
al cañón o al coracero.
Un ejército vallisto
humilde como todo lo paisano
de voz gallarda y de ponchos harapientos
se internó en los montes, en las pampas y salares
con su rencor de animal tremendo
VIVA LA UNIÓN AMERICANA!
ABAJO LOS NEGREROS TRAIDORES A LA PATRIA!
los que llevaron sus degolladeros a la Banda Oriental y aun más allá de las Misiones
después de haber matado tanto hermano.
Muerte y solo muerte
niños, viejos y mujeres
la impiedad de esa hoguera de los ranchos
el fusil aleve, el cepo colombiano
una década persiguiendo a un ejército de greda
se pasaron los doctores de levita y de guante amanerado
de Córdoba, a San Juan
de San Juan a la Rioja
de La Rioja a Santiago, a Catamarca
a Mendoza y otra vez a Chile
a Salta, a Bolivia, al silencio.
Manifiestos, proclamas, llamamientos
un rosario roto de puebladas
sobre la cruz anglosajona de los Rémington
solo ese hombre y las estrellas
ese enjunto y delgado americano
de sombrero aludo y bigote polvoriento
en su cuero duro de criollo
se estrelló, la escarcha, el sol, el aguacero
la bala y el sable de los claudicantes
el deshonor de los que a América vendieron
un criollo solo al frente de otros tantos
solo bajo esas estrellas límpidasa del norte grande
solo con la historia y con la muerte
sin más gloria que ser
un general del pueblo.
Nunca tan pocos dieron tanto
nunca en tantos gloriosos combates
que no por olvidades fueron menos cruentos
se jugó la estirpe de una raza
y la herencia libertaria de este suelo.
Nacimientos, Pozo de Vargas, Las Bateas
Ciénaga redonda, Quebrada de Mirana, el Tacuil
Molinos, Las cuevas, sitio de Salta
Salinas de Pastos Grandes
toponimia insurreccional del viento
a pié, a caballo, en burro, armado o desarmado
arrollando o en retirada
siempre hubo que temblar ante Varela.
En Copiapó miserable hasta los huesos
tísico e inmenso
murió un americano
con sus botas puestas
1870 dicen algunos
yo creo que aun cabalga
ajusticiando silencios.
Autor: AdeM
Ilustración: Carlos Terribili

