Canto general Mayo en las banderas
Por la espada de Orión hacia el silencio
apretada por la espuma y la tenaz profundidad de las mareas
bajo un sol vertical, implacable y fecundo
húmeda de helechos y de pájaros
palpita tierna aún la matriz de lo que somos.
He aquí la materia esencial
la intemporalidad del sueño
la impenetrable profundidad de nuestra mirada
la incandescencia geológica de nuestras venas.
Todo lo que el mundo sabe y no comprende
todo lo que los hombres han soñado y no tuvieron
todo lo sagrado es aquí cotidiano y repartido
una estrella dividida es nuestra patria.
Ya era esta tierra la tierra
cuando los dioses aún dormidos, soñaban generosos a sus hijos.
Antes que nosotros fueron padres nuestros padres.
La patria era esta del cóndor, el wanako y el bisonte
luego fuimos nosotros por vez primera
amasados de maíz, de barro
de la leche incandescente de las estrellas
y las turbias aguas nocturnales…
Esta era la tierra
Aquí fueron los ríos graves y profundos
aquí el verde con su pedrería de trinos y de estambres
aquí el polen, la miel y los demonios
la garra, el marfil, el solo cielo.
Aquí la furia del ají, el salitre, el ágave y la serpiente
aquí los picos nevados desflorando la virginidad del cielo
aquí la Cruz del Sur, la cholga y los raulíes
la recóndita caracola, (la elicoide ultramarina)
los azules habitantes del abismo naufragando eternamente
entre la grava y la arena
entre los dientes líticos, hambrientos y tenaces que esconde la marea
y la gélida impiedad de los vientos confinales.
Esta era la tierra
la patria nuestra multiplicada en cada hermano
el hermano nuestro multiplicado en cada cuerpo
terrenal o celeste
indivisible
el útero insondable y fecundo
al que siempre volvemos
a pesar de tantas muertes.
Cuál es la voz?
De quien el verbo?
yo soy solo un hombre al azar
el poeta tremendo de la barbarie
vástago de un pueblo de cántaros y semillas
de pequeños cazadores que acechaban tras el sexo frutal de las raíces
de silentes pastores tiawanakos.
Asesinábamos la luna y la bebíamos
íbamos por la tierra cautivando
desarraigando pedernales incólumes
desmadrando ríos
retorciendo la lana
fundiendo los metales, la turquesa y el nácar
sembrando nuestra alfarería rota de tambores y de flautas.
Pero hubo un día en el tiempo
en que las sombras se escindieron de la luz.
La voz de Huáscar encadenó la mañana
la pezuña del potro holló la arena
el acero toledano silbó en el aire y degolló la yugular de la simiente
el barbado capellán partió a mi hijo como a una fruta tierna
para alabar al Jehová de los ejércitos.
Desde entonces hemos muerto tantas veces…
(…algo ha pasado en esta tierra que la sangre aún no comprende
alguna oscura irredención se nos ha metido hasta la intimidad del tuétano
nos transita la memoria
nos cabalga el pecho
se nos va gota a gota por los poros
se nos coagula de angustia en la garganta…)
…y es que hay algo que la sangre no comprende.
Hemos henchido la tierra
de Hatueyes, Cuatemoes, Amarus y Caupolicanes
Hemos visto con nuestros propios ojos
remover piedra sobre piedra de aquello que albergaba lo sagrado
Hemos visto devorar las entrañas mismas de la tierra
y consumirse agónicamente en los grilletes
a nuestros gráciles abuelos de piedra.
Por tres demonios fue asolada la vastedad terrena
por la cruz, la espada y el capital…
…pero el maíz renace siempre nuevo
y la tierra se traga al que la pisa
la maldición cayó ahora sobre los maldecidores
y los hijos de los hijos de Castilla
desbarataron la testuz del toro ibero.
Mayo cantó entonces en las banderas
los pálidos capitanes fusilaron al capellán oscuro
quemaron los blasones, los bandos, machacaron la efigie de las monedas
con las ruines cadenas que arrastraron los azules de la bruma
vaciaron las balas del cañón y los sables irremediables y sedientos
que fueron a saciar su incomprensión
en la soberbia absoluta de los poderosos.
Así trepó a las jarcias y trinquetes, las mesanas
así embanderó el mástil tenaz de los navíos
asido a las tacuaras montoneras se llenó de polvo y alarido bárbaro
para desangrar el cuadro perfecto de los mariscales.
Mayo era la tierra que se sacudía el polvo.
Mayo era la ira contenida de los desposeídos
el escarnecido hablando desde la punta de las bayonetas
nuestra sangre asesinada cargando el negro de los cañones
replegándose y contraatacando
cayendo, reagrupándose
a precio de héroe cada metro fue pagado
para reinstaurar el derecho que tienen los pájaros a la mañana.
Pero junto con Cristo bajo Judas de los barcos
y los nuevos dioses tan falsos como cruentos
vendieron a otros hombres la voluntad del viento
el hambre se pegó al hueso
como el musgo se pega a la piedra
como la sombra se pega al cuerpo
como la rabia al silencio
ya no era la pólvora y el acero
ahora era la angustia, la desesperación
los campesinos sin tierra y sin Patria
el arado herrumbrado
la semilla oscura
niños como viejos, sin pan, ni alegría
viejos indefensos como niños viejos
obreros con las manos tristes
como pájaros muertos.
Ay de los asesinadores del canto y la caracola!
Ay de los matadores del crepúsculo y la esperanza!
los que ensangrentaron las piedras, el follaje y las estrellas
los que dispersaron el rebaño, ultimaron las crías
los que quebraron el tallo y desangraron el cáliz
los que machacaron la espiga y las luciérnagas
los que violaron con saña, repetidas veces
aquello por nosotros tan amado.
Toda esta tierra está como ofendida
toda esta belleza está como ultrajada
el canto silenciado
el acero y la sangre prisioneras.
Ya no canta el cenzontle en Angostura
en Copán, preso en la piedra
el quetzal espera
a pesar de tantas muertes
de tanta noche oscura irremediable
agitar con su verde pluma
la sangre aun fresca de los héroes.
Ya será nuestro nuevamente el ron de las Antillas
el tierno grano blanco de Urubamba
la voz del relincho, el viento, el solo cielo
el rojo lucero de la mañana
la ingeniería semental de las acequias.
El potro llanero será nuestro nuevamente
el cacao, el aguacatl, el barro ritual
la sagrada música de las maderas
ya será nuestro el cobre y el salitre atacameño
la fría plata potosina
el verde Orinoco
el sílice y la oxidiana que afilaron los guerreros
los sables que en Ayacucho fueron olvidados.
Siempre fue esta tierra, la tierra
siempre el maíz renace nuevo
el kondor mallku aún trasiega la agricultura azul de los planetas
la flauta india de Quito, aun domestica el viento
es de resurrección el cáliz de la rosa
el canto ya está en la rama
es la hora de los pueblos.
San Martín llama a Bolívar
el Che se sacude el polvo
se acomoda los huesos
y enciende su tabaco
ya no queda Mayo en las banderas
pero aun nos queda pueblo en la sangre
sables rotos reagrupando sus aceros
fantasmales potros nevados de luna
morenos jinetes como terrones
cuajarones de sangre ensangrentada
como piélagos irredentos
en la oceánica piel de la Patria
Cuál es la voz?
De quién el verbo?
yo soy el poeta tremendo de la barbarie
vástago de un pueblo de cántaros y semillas
y de un potro castellano que torció el acero.
Patria o Muerte grita el cacuy
en la noche en la noche negra
Patria o Muerte, venceremos
en la fosa o en la gloria
hoy, mañana y siempre
americanos seremos o cenizas1
para que Mayo cante en las banderas
©Armando de Magdalena
1 Julio Huasi

